El Tirano de Macuspana cada vez está más descarado. Su vena dictatorial se asoma con más frecuencia cada vez que abre la boca. Y aunque es de sobra conocido su talante controlador y represivo, el regaño que le propinó a la revista Proceso, el pasado lunes 22 de julio, deja en claro que López Obrador quiere una prensa vasalla, sometida, sumisa, ciega y obediente.

AMLO no sólo le echó en cara a Proceso que “se ha portado mal” con él y con su movimiento “de transformación”: también dijo, a manera de humillación, que ya casi no lee esa revista desde que falleció (2015) Julio Scherer García, su emblemático director. Vaya, López Obrador “lanzó pestes” sobre Proceso, pese a que por muchos años este semanario sirvió para catapultar la figura política del hoy Presidente de México.

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El enojo del autócrata decrépito contra Proceso se entiende porque, en recientes entregas, esta revista le ha asestado buenos golpes al Ganso Cansado de Palacio Nacional. Los más recientes moquetes han sido: la entrevista a Carlos Urzúa (núm. 2228) y la investigación sobre la relación de Ricardo Salinas Pliego con el asunto PEMEX-FERTINAL (núm. 2229). En ambos casos, el gobierno de López Obrador sale mal parado: “su plumaje queda más que manchado”.

¡Y vaya que esto le molesta, y mucho, al pobre fanático religioso que se cree la “pureza divina y redentora” en persona!

Finalmente, Proceso no está haciendo sino lo que le corresponde hacer a toda la prensa que aspire a considerarse seria y profesional: exhibir los yerros, las contradicciones y las insuficiencias del statu quo¡por eso a la prensa se le conoce como el “cuarto poder” en los regímenes democráticos!

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Y muchos otros medios están haciendo su parte en la labor de auscultación habitual del presente gobierno: Reforma, Contrapeso Ciudadano, La Otra Opinión, Imagen TV, Excélsior, La Silla Rota, Sin Embargo, Etcétera, El Heraldo de México, La Hora de Opinar (ForoTV), Dinero y Poder (Canal Once), MVS Noticias, etc. En todos estos, y otros espacios, la crítica al gobierno se está dando y va en aumento.

Y, claro está, la cosa no ha sido fácil, porque el régimen autocrático de López Obrador y de MORENA, su partido-secta, se ha dedicado a ahogar operativamente a los medios periodísticos al reducirles o cortarles el financiamiento público vía gasto publicitario. Y, por otro lado, la autocracia morenista se ha encargado de meter a sus escribanos eunucos en distintos espacios periodísticos, tanto públicos como privados, a objeto de que estén repitiendo ad nauseam las consigas y las ideas del Tirano de Macuspana.

Como nunca antes en la historia del México contemporáneo, varios espacios de radio y TV se han convertido en cajas de resonancia de la voz presidencial: vulgar propagandismo, que no periodismo.

Queda claro que para el dictadorzuelo que habita el Palacio Nacional, la prensa debe servir a sus ideas y propósitos, la prensa debe someterse a sus estúpidos dictados. Pero se equivoca: su basura de gobierno apenas merece, por parte de nosotros, litros y más litros de ácido úrico… ¡por acá, somos “muy mal portados”!

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine