AL TIEMPO

En uno más de sus devaneos discursivos –para desviar la atención por su gobierno fallido–, López Obrador escribió –en su cuenta de Twitter–, que el respaldo popular que lo acompaña, hace imposible todo intento de “golpe de Estado”.

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¿De dónde saca el presidente el espantajo de un imaginario “golpe de Estado” contra su gobierno?

Está claro que se trata de un recurso retórico –engañabobos–, para justificar las críticas generalizadas al deficiente desempeño de su gestión y al fracaso en los primeros once meses.

Y decimos que es “una gestión” porque debido al fracaso total en todos los frentes, al de López Obrador no se le puede llamar gobierno.

¿Por qué no es un gobierno?

Porque vivimos en la peor ingobernabilidad posible; en la violación sistemática de las leyes y la Carta Magna; en la ineficacia total del las instituciones del Estado y en la claudicación absoluta del gobierno.

Pero vamos por partes.

Curiosamente el “Día de Muertos”, el presidente mexicano escribió lo siguiente, en su cuenta de Twitter.

“¡Qué equivocados están los conservadores y sus halcones! Pudieron cometer la felonía de derrocar y asesinar a Madero porque este hombre bueno, Apóstol de la Democracia, no supo, o las circunstancias no se lo permitieron, apoyarse en una base social que lo protegiera y respaldara.

Ahora es distinto. Aunque son otras realidades y no debe caerse en la simplicidad de las comparaciones, la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y la paz, que no permitiría otro golpe de Estado”. Fin de la cita.

De inmediato, la temeraria declaración presidencial se convirtió en tendencia y primeras planas, gracias a bots lopistas y aplaudidores y maromeros a sueldo.

Es decir, que “en un santiamén” se logró el objetivo buscado; desviar la atención de los tres lastres que hoy golpean la gestión de López Obrador.

Nos referimos, como saben, al escandaloso fracaso por el fallido operativo en Culiacán; al ilegal “golpe de Estado” de Morena y del presidente Obrador en Baja California y al desastre en todos los flancos de la gestión de AMLO, cuando apenas se han cumplido once meses en el cargo.

Es decir, cual mago de la retórica, AMLO hizo malabares discursivos y de inmediato hizo olvidar Culiacán, Baja California y el fracaso en once meses, para colocarse como potencial víctima de quién sabe qué horrible conspiración de los conservadores.

Lo cierto, sin embargo, es que el sambenito del “golpe de Estado” al que invoca AMLO, ya lo dieron el propio presidente y su partido.

¿Son culpables de un “golpe de Estado” AMLO y Morena?

En efecto y ese “golpe de Estado” lo denunciamos y documentamos en dos entregas del Itinerario Político, las del 8 y el 11 de octubre, respectivamente.

Dijimos que la persecución financiera, fiscal y penal contra el Ministro de la Corte, Eduardo Medina Mora, no debía ser entendido de otra manera sino como un “golpe de Estado, lanzado desde el Poder Ejecutivo contra el Poder Judicial, con el objetivo de que el presidente López Obrador se hiciera del control total de la Suprema Corte.

Y si dudan de que se trata de un golpe de Estado, vamos a la definición de un clásico de al ciencia política.

Según el Diccionario Político de Bobbio, el “golpe de Estado” se define “como la violación deliberada de las normas constitucionales por parte de un gobierno, una asamblea o un grupo de personas que detentan la autoridad”.

Y el ejemplo universal de “golpe de Estado” –según Bobbio–, “es el concretado por Luis Bonaparte, en 1851, cuando dio el golpe de gracia a la II República, de la que él mismo era presidente, y logró proclamarse nuevo emperador de Francia”.

El mismo autor explica que “a diferencia de la guerrilla o de la guerra revolucionaria… el golpe de Estado se lleva a cabo no sólo a través de funcionarios del propio Estado sino utilizando elementos que forman parte del aparato del Estado”.

Ahora bien, vale recordar que, con fecha 3 de octubre, el Ministro de la Corte, Eduardo Medina Mora, presentó su renuncia al cargo, amparado en lo que establece el artículo 98 constitucional. Dicho artículo señala, tajante, que la renuncia de un  Ministro de la Corte “solamente procederá por causas graves”. ¿Cuáles fueron esas causas graves?

Horas después de la renuncia de Medina Mora, el presidente López Obrador la aceptó, sin dar a conocer “las causas graves”. Días después, una mayoría de 111 senadores aceptaron la renuncia de Medina Mora, sin que nadie conociera “las causas graves”. Es decir, López Obrador dio un golpe de Estado.

Pero no fue todo. El 1 de noviembre, tomó posesión como gobernador de Baja California, por cinco años, Jaime Bonilla, quien fue electo sólo por 2 años. Ese fue un segundo golpe de Estado de AMLO contra la democracia mexicana.

Se los dije, López Obrador es un golpista.