Más de una vez he tenido conflicto para decir si soy o no feminista, hasta hace un tiempo no me sentía identificada con el movimiento, básicamente porque siempre había visto la parte en que quienes lo integran son reaccionarias, lo que socialmente las pone en el lugar de «locas», «violentas», «feminazis», las que «odian a los hombres«.

Después lo entendí: las mujeres que me rodean son mis amigas, compañeras o iguales, lo que en automático me vuelve en contra de un sistema machista, que desde muy pequeñas nos ha enseñado a ver a la de a lado como competencia; debo intentar ser más bonita, más inteligente, más delgada, más… siempre más.

Tampoco se trata de odiar a los hombres, hay que entender que aunque biológicamente somos diferentes, tenemos la misma capacidad de desempeñarnos social y laboralmente. 

Ser feminista no quiere decir que en automático dejes de depilarte, maquillarte, no quieras tener hijos, casarte, puedas quedarte en casa y atender a tu familia o bien, cuidar tu aspecto personal, el feminismo es justo para que cualquiera de las anteriores y las no incluidas se basen en la decisión propia y no en imposición.

Todo lo anterior debí comprenderlo poco a poco, no basada en la teoría, sino en la práctica, esto se trata de decidir sobre mi propio cuerpo y mi propia vida: AUTONOMÍA.

La de a lado está más cerca de ser mi aliada que mi enemiga y lo que nos hace diferentes puede servir para construir redes en lugar de barreras, para exigir, buscar y trabajar por nuestra seguridad y una manera digna de vivir

Para finalizar, concluí que feminismo y machismo no son términos similares:

El primero quiere visibilizar al sexo femenino, empoderarlo y ponerlo en igualdad de circunstancias demostrando que no somos «el sexo débil«, creando así una sociedad digna, en que todos/todas merecemos el mismo respeto, entendiendo que somos humanos, que piensan y sienten, por tanto quieren expresarse.

El segundo busca imponerse de manera violenta, mostrando pues que -desde su punto de vista- el mundo existe por y para los hombres, por lo tanto, la sociedad debe girar en torno él, su concepto de hombría y a lo que lo fortalece, oprimiendo al «más débil» y mostrando una superioridad basada en las agresiones en todas sus presentaciones (sexual, física, verbal, psicológica).

Son estas conclusiones propias, basadas en la experiencia propia, resultado de horas de reflexión y un trabajo diario por comprender el lugar que ocupo en la sociedad.
Nicte-Há Germán Flores | [email protected]

Te puede interesar:  Lenguaje inclusivo no incluye a todas y todos