La geopolítica como ciencia auxiliar de la Seguridad Nacional, nos ha dejado inumerables enseñanzas a lo largo del periodo de la pandemia del COVID-19, lo que seguirá aconteciendo a lo largo de este año que recien comienza y más aún, a causa de las diversas variantes que se han ido gestando y las que aparecerán en los próximos meses.  Pero lo que si es cierto, es que la variante Omicron, está provocando una serie de reacciones en las cadenas productivas y de suministros, en declaraciones políticas como las del Presidente Emmanuel Macron, refiriéndose a las posturas del sector antivacunas y en como se establecerán los mecanismos del crecimiento mundial.

Pero lo que también es de considerar para este año que comienza, es, el difícil tránsito a la normalidad de la vida democrática de los EEUU, pues justo el jueves pasado, se recuerdan los lamentables sucesos al interior del Congreso Estadounidense, cuando una turba de extrema derecha, alentados por los pronunciamientos del ex presidente Donald Trump de no aceptar el resultado de las elecciones presidenciales, irrumpieron, provocando caos y desorden, además de la incertidumbre que hizo pensar en un factible golpe de Estado a favor del todavía presidente de EEUU.  Esta lección dejo en claro que la dmocracia no es algo finito, es de una permanente construcción y de renovación, para evitar este tipo de situaciones que lastiman profundamente los cimientos de una nación y de la influencia de esta, ante el mundo entero, justo cuándo el mundo está observando la confrontación que tiene con la República Popular de China (RPCh). 

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En este orden de ideas es que para el caso de México y de su proyección geopolítica, no se puede dejar de lado este tipo situaciones, debido a que la comunidad internacional esta inmersa en la conflictividad de la hegemonía global, que involucra a EEUU, la RPCh, la Federación Rusa, la Unión Europea, como principales actores, pero qué al mismo tiempo otras naciones (como la nuestra) son fundamentales en el proceso de la construcción del nuevo orden internacional. 

La actual administración federal, luego de tres años de gobierno, enfrenta la necesidad de concretar un crecimiento sostenido para este año,  pues se acrecenta la pérdida de inversión extranjera directa, ante este hecho, se han incrementado las remesas, lo que significa, que la economía depende más de lo qué envían nuestros conacionales, sobretodo desde EEUU, aunado a esto, prevalece la incapacidad gubernamental para generar riqueza sostenida, como también, el crimen organizado ha asumido control de diversas zonas del territorio nacional, sin dejar de lado, la confrontación política y social y a todo esto, los datos macroeconómicos establecen que en el último año de la administración del presidente Enrique Peña Nieto, México era la economía número 12, al día de hoy, somos la 16, rebasados por economias como la de Indonesia, que han tenido la capacidad de aprovechar su posición estratégica, de ser un eslabón de los océanos Índico y Pacífico. 

De ahí que la perspectiva geopolítica de México debe de ser proactiva, no solo en términos de contar con una política exterior de buenos usos y costumbres o apegada a dogmas políticos, la condición de nuestra nación y de su sociedad, le exigen ser pragmáticos para darle certidumbre a su propio proceso de desarrollo nacional.

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Las enseñanzas geopolíticas que México ha recibido en estos primeros días del año, son referentes a las donaciones de vacunas, provenientes del gobierno estadounidense y de la propia empresa Moderna, para ser inoculadas en profesores y profesoras, como parte de su refuerzo ante la cuarta ola del COVID-19, recordando que a este sector productivo nacional, se le aplicó la vacuna de Cancino de la RPCh, que a la fecha sigue teniendo muchos cuestionamientos de su total eficiencia frente al reto que simboliza esta pandemia. 

Geopolíticamente, México debe establecer sus prioridades a lo largo de este año, debido a que a razón de la ampliación de la vacunación en diversas partes del planeta, cada vez es más evidente que las diversas economias nacionales, comienzan a recuperar su dinamismo, lo que les permitirá recuperar mercados, ofertar nuevos productos, difusión de nuevas tecnologías (cada vez más apegadas a las necesidades que exige el cambio climático), profundización de las libertades humanas, pero no se puede soslayar que nuestra nación había establecido años atrás, una hoja de ruta, para ser participe de la globalización de manera activa y eficiente, a través del TLCAN (hoy TMEC), el TLCUEM y del Foro de Davos, de la OCDE y la APEC.

En ese sentido, el buscar dar un giro ideológico a la nación está provocando incertidumbre no solo en el ámbito nacional, también en lo internacional, si bien el acercamiento del actual gobierno a propuestas como el Foro de Sao Paulo, su pleno respaldo al eje bolivariano y su protagonismo en el mecanismo de la CELAC, se observa un evidente distanciamiento del resto de la comunidad mundial; y que ya está teniendo efectos como la caída al lugar 16 de las economias nacionales, como ya se mencionó. 

Por ende no es nada fortuito que el gobierno del presidente Joseph Biden, ha venido estableciendo como mecanismo de actuación en la relación blilateral con nuestra nación, acciones de softpower para ir moderando los efectos de las acciones del actual gobierno mexicano, pues las acciones que nuestra nación emprende, tienen sus impactos para las propios intereses nacionales de EEUU, todo en una circunstancia innédita en el gran tablero mundial, en dónde las piezas se mueven con delicadeza y eficacia a necesidad de los rivales. 

El escenario global se hace cada vez más complejo, son evidentes las agudas diferencias económicas y comerciales entre EEUU y la RPCh, se incrementan las tensiones entre la Unión Europea y la Federación Rusa, las asechanzas de Corea del Norte sobre Japón y la propia Corea del Sur y que decir, de la amenaza permanente de la RPCh sobre Taiwán y los actuales movimientos sociales en Kazajistán, sin dejar de lado, los permanentes conflictos en el Oriente Medio y el Golfo Pérsico, en dónde Irán y Arabía Saudita son protagonistas esenciales y lo vulnerable que se encuentra el continente africano ante hambrunas epidemias y grupos fundamentalistas.

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Cada escenario es fundamental para la estabilidad global, de ahí la necesidad que el México del 2022, recupere su rol de actor global, con características pragmáticas, pensando en el bien de la sociedad, de su desarrollo nacional y no de un modelo dogmático que sigue dividiendo a la población y confrontándola en lo político, social y económico.  El tablero mundial requiere de un México incluyente, propositivo y dinámico, con visión de ser un líder regional y no uno perdido en el dogmatismo y ajeno a la comunidad internacional.