Estados Unidos. Keith Raniere enfrenta un juicio por extorsión y tráfico sexual, se le inculpa de ser el líder de una secta que reclutaba mujeres para ser sus esclavas sexuales.

La secta usaba como máscara el grupo de superación personal Nxivm y tuvo alcance internacional, incluso una licencia de la firma llegó a México; impartía cursos en varios estados de la república, uno de ellos es Monterrey, de donde es originaria Daniela Fernández, quien ha declarado en el juicio cómo llegó a formar parte de la secta y sus desagradables vivencias.

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Daniela vivía en Monterrey con su familia y estaba becada para ir a estudiar a Suiza, en la prestigiosa escuela Leysin American School, como regalo de despedida su padre le obsequió un curso intensivo de 16 días en Nxivm, una vez transcurrido ese tiempo, Laureen Salzman, una de las líderes del grupo, la convenció de abandonar sus estudios y extender su estancia en Nxivm, a lo que Daniela accedió, pues se sentía deslumbrada por la caridad y el poder de convencimiento de Salzman.

Posteriormente Laureen ayudó a Daniela a ingresar ilegalmente a Estados Unidos, donde comenzó a trabajar directamente con Raniere, él manifestó interés sexual en ella y, unos días después de cumplir 18 años la aisló en una oficina donde mantuvo relaciones sexuales con la chica.

Toda su familia estaba inmersa en las dinámicas del grupo Nxivm, sus padres eran miembro activos e incluso firmaron consentimiento que permitían a los líderes imponer castigos y sometimiento a Daniela y sus dos hermanas, quienes también formaban parte del séquito de esclavas sexuales Reniere.

El terror comenzó cuando Daniela cometió errores como fijarse en otro hombre o cortarse el pelo, por lo que fue castigada pasando dos años en cautiverio, de 2010 a 2012. Además de ser marcada con las iniciales del líder y de entregar fotos e información confidencial con la que podía ser fácilmente chantajeada en caso de que decidiera salir del grupo.

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Daniela afirma haberse sentido maravillada al principio por la inteligencia de aquel hombre, cuando por fin pudo conocerlo le pareció que «era como un rockstar»; ahora en la audiencia, habla con soltura del infierno que vivió, incluso con picardía sobre su credulidad ante las afirmaciones tan místicas de Raniere.

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