Hacia el final de la semana pasada, se encendieron las alarmas de la política internacional a causa del anuncio de que el presidente de los EEUU Donald Trump, había dado positivo de COVID 19 y más aún, cuándo tuvo que ser trasladado al Centro Médico Militar Nacional Walter Reeed en Bethesda, Maryland (también conocido como Hospital Naval Bethesda), para administrarle un tratamiento con medicamentos experimentales, a fin de evitar una situación de mayor riesgo que pusiera en riego su vida y la estabilidad de esa nación. 

Pasaron un par de días y el presidente reapareció en una de las escalinatas de la Casa Blanca para demostrar a sus seguidores y al mundo, que es un hombre de amplia fortaleza y capaz de superar cualquier adversidad, sea la que fuera; convirtiendo esta imagen, en un mensaje electoral que busca establecer, qué el líder de la nación más poderosa del mundo no se doblega ante nada. 

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Vestido con un impecable traje azul marino, camisa blanca de mancuernillas y corbata a rayas azul, se colocó en uno de los balcones de la casa presidencial, se quitó el tapabocas para ofrecer el saludo militar que su envestidura le otorga,  para despedir al Helicóptero Sikorsky Marine 1; visiblemente se pudo observar que aún existía dificultad para respirar, pero en la mirada del presidente Trump, se podía observar la determinación del hombre que no se deja amedrentar de nadie, ni de nada, por ello, es el presidente de los Estados Unidos de América. 

De las diversas situaciones en las que la COVID19 ha impactado al mundo, es en cómo se están estableciendo los diversos liderazgos en las diversas naciones por parte de sus respectivos dirigentes políticos, para hacer una demostración, que su liderazgo es fundamental, para salir adelante frente a los retos que impone, por un lado, la emergencia sanitaria y por el otro, sacar adelante al desarrollo nacional de cada Estado.  Esto se ha podido observar no solo en el manejo mediático que ha estado realizando el presidente Trump, de igual manera, lo han llevando a cabo, los diversos lideres mundiales en una especie de competencia en la demostración de sus capacidades para enfrentar los retos del año 2020. 

En este sentido, es importante considerar lo que se ha estado observando con este tipo de actitudes que no son únicas por parte del presidente Trump, también se ha observado tal actitud en el Primer Ministro británico Boris Johnson y en Jail Bolsonaro, Presidente del Brasil, que en ambos casos, fueron contagiados por el COVID 19, llegando a complicarse su estado de salud y poniendo en vilo la estabilidad de sus gobiernos. 

Pero de igual manera, lideres globales como lo son Vladimir Putin y XI Jinping, en diversos eventos públicos de gobierno, han hecho la ostentación de la fortaleza física al no usar el cubrebocas, mucho pareciera que es tan sólo un acto de rebeldía, pero cada vez es más evidente que su determinación por mantenerse sin protección facial, obedece a una condición de control psicológico sobre sus respectivas naciones, pero ante todo, de demostración que ellos como jefes de Estado y de Gobierno, simbolizan la fortaleza de sus países y el prestigio que tienen frente al resto de la comunidad internacional. 

En su perspectiva, el hacer uso del cubrebocas es un punto de debilidad que afecta al posicionamiento mundial de sus naciones pero de igual manera, al propio desempeño del desarrollo de sus respectivas naciones, justo en un momento complejo en el que está puesto en entredicho el liderazgo mundial, pero también, el control de los espacios regionales, de ahí que no es nada raro que los líderes de los EEUU, la República Popular de China y la Federación Rusa, tengan esta actitud por igual, como también, las propias actitudes que han sostenido el presidente brasileño y de México. 

Las posturas, motivaciones y justificaciones pueden ser diversas, pero sus acciones van en el sentido de que sus gobiernos no pueden verse derrotados detrás de una mascara algo que impida el contacto visual y la proyección de la gesticulación de su rostro para ofrecer tranquilidad, valentía, astucia e intrepidez, reafirmando con esto que más que lideres políticos, sus actitudes son más del tipo de caudillo,  quien ante la amenaza se crece en actitud para afrontarla, pues la nación lo necesita más que nunca. 

Tales actitudes, no sólo han sido criticadas por diversos medios de comunicación globales, han sido queja de sus propias sociedades y de organismos especializados, pues en lugar de gestar un esfuerzo en conjunto con otras naciones para el control del COVID 19, sus actitudes son motivo de una incapacidad para establecer políticas únicas que faciliten una eficaz acción ante lo que significa la presencia del nuevo coronavirus en la vida de cada persona en el mundo. 

Desde que la epidemia del COVID-19 evolucionó a ser pandemia, los esfuerzos que se fueron gestando fueron en lo individual, es decir, cada nación aplicó lo que mejor consideró para hacer frente a la situación de la expansión del virus por todo el planeta, la mayoria de las naciones de la Unión Europea establecieron férreos controles para mantener a sus ciudadanos confinados a sus hogares, pero Suecia, consideró que lo mejor era la inmunidad de rebaño, frente a un enemigo desconocido; o bien, el gran ejemplo que ha dado el gobierno de Nueva Zelanda de cerrar por completo su espacio territorial aprovechando al ventaja de ser una isla, para lograr con éxito la erradicación del COVID 19 y pasar a una normalidad prácticamente sin el uso del cubrebocas. 

Pareciera que el escenario internacional se convirtiera en un ring en el que se encuentran los diversos líderes políticos, por un lado están los técnicos, aquellos que hacen caso de todas las recomendaciones científicas para darle certidumbre a sus respectivas naciones, por el otro lado, se encentran los rudos, quienes hacen alarde de su fortaleza moral y física para seguir ejerciendo un liderazgo fiel al interior de sus países y una admiración entre las naciones. 

La lucha a tres caídas sin límite de tiempo, la llevan ganada los técnicos con una caída a su favor y todo apunta a que la segunda caída será de nueva cuenta para ellos, con las debidas repercusiones para las sociedades cuyos líderes son los rudos.