Siguen las masacres, sin freno y sin tregua.

Y por eso la pregunta. ¿Aún se ríe de las masacres presidente?

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Y es que si continúa la risa cínica de López Obrador, todos podremos
confirmar que el mandatario mexicano es no sólo un cínico, sino un psicópata.
Y es que en todo México, en los últimos 31 meses –durante el fracasado
gobierno de López Obrador--, la muerte tiene permiso.

Pero también tienen permiso las intocables e impunes bandas criminales
que se han apoderado del país; del 40 por ciento del territorio nacional según
reveló Christopher Landau, ex embajador de Estados Unidos en México.
Pero la mala noticia es que las masacres volvieron a Reynosa,
Tamaulipas, en donde entre 19 y 23 personas habrían resultado muertas;
algunos de ellos, ciudadanos sin vínculos criminales y otros presuntos
matarifes.

Según reportan redes sociales y notas de prensa, la tarde del sábado 19
de junio un convoy de hombres armados llegó a cuatro colonias de Reynosa,
en donde dispararon de manera indiscriminada contra todo aquel ciudadano
que transitaba por las calles, que realizaba trabajos en la vía pública y entraba
o salía de los comercios.

Una de las peores masacres en la historia criminal mexicana y que –por
horas–, permitió todas las libertades a los matarifes, a quienes no interceptó
ninguna fuerza militar o policiaca, sino hasta que se retiraban.

La mañana del lunes 21 de junio no había un informe oficial sobre el
número real de víctimas y los datos disponibles especulaban entre 14 muertos
y 23 víctimas, sean ciudadanos sin relación criminal y presuntos sicarios.
De acuerdo a datos de prensa, los matarifes que incursionaron en
Reynosa pertenecen a los remanentes del Cártel del Golfo y sus células de los
Zetas en disputa.

En realidad se trata de viejas rencillas entre los distintos grupos que se
desprendieron del viejo Cártel del Golfo y que han sentado sus reales en
Reynosa, desde donde se lleva a cabo buena parte del comercio de droga,
armas y tráfico de personas, entre México y Estados Unidos.

Por eso, Reynosa es una de las ciudades más violentas del mundo y, de
tanto en tanto, desde 2017, es escenario de disputas criminales.

Pero ninguna masacre como la del pasado sábado; en donde sin
resistencia de autoridad alguna, camionetas y automóviles recorrieron barrios
de colonias populares asesinando personas, de manera indiscriminada.
Y el mensaje es claro; matan a diestra y siniestra porque se saben
impunes y porque saben que en Tamaulipas, como en el 40 por ciento del
territorio nacional, no existe autoridad y no existe Estado.

¿Y el Ejército, y la Marina, y la Guardia Nacional?

No existen, ya que por decisión del presidente López Obrador el
gobierno federal claudicó su responsabilidad frente al crimen organizado; una
responsabilidad anulada a cambio de una alianza con los barones del crimen y
de la droga que hoy ponen alcaldes, diputados y gobernadores.

¿Y dónde están el Congreso, la Suprema Corte, la CNDH y los
opositores, para exigir que el gobierno federal asuma su responsabilidad de
Estado frente a las masacres?

La división de poderes está muerta y, por lo pronto, el Congreso está
sometido, mientras que la Corte y la CNDH no son más que lacayos del
dictador López Obrador.

Sí, lo cierto es que los ciudadanos estamos solos, a merced del crimen
organizado, de las bandas del narcotráfico y de los matarifes, aliados del
gobierno de López Obrador.

Pero tampoco es novedad la ineficacia de AMLO.

Cuando fue jefe de gobierno del entonces GDF, dejó crecer la violencia
y el crimen a tal nivel que se gestó la mítica “marcha blanca”, una protesta
masiva contra el mal gobierno.

Peor aún, el 15 de febrero de 2017, el candidato López Obrador dijo que
a partir de 2018, “cuando triunfe Morena, se van a acabar las masacres en
México; se va a terminar la guerra”.

Luego, anunció que en sólo 5 años del gobierno de Felipe Calderón, “se
documentaron 68 masacres” y en el gobierno de Peña, dijo, “se tienen, en
promedio, una masacre por mes”.

¿Pero qué creen?

Que sólo en el año 2020, el primer año del gobierno de AMLO, la ONG
Causa en Común, detectó que en esos 12 meses se registraron en todo el país
un total de 672 masacres –si, 672 masacres–, como parte de los 5 mil 380
actos catalogados como “actos de violencia extrema” o como “atrocidades”.
¿Y que significa la cifra anterior?

Poca cosa, que en el gobierno de López Obrador se registraron 10 veces
más masacres que en el gobierno de Calderón, lo que significa 12 veces más
que en la gestión de Peña Nieto.

Pero el extremo del cinismo presidencial apareció el 18 de septiembre
del 2020, cuando en una de sus “mañaneras”, López Obrador se carcajeó de
las 45 masacres que en esa fecha reportaba el diario Reforma.

¿Aún se ríe presidente?

Esa actitud del presidente mexicano le dio la vuelta al mundo y
confirmó que el mandatario tiene una alianza con los criminales organizados.
A pesar del fracaso evidente en la lucha contra las bandas criminales y
la violencia, el 28 de abril del 2021, el presidente mexicano negó la versión
del ex embajador de Estados unidos en México, Christopher Landau, quien
dijo que México está dominado, en el 40 por ciento de su territorio, por bandas
criminales.

Pero la respuesta del presidente Obrador fue escalofriante.
Dijo que su gobierno no perseguirá a los jefes criminales y que ordenó
que los sicarios no fueran eliminados “porque son concepciones distintas;
nosotros no queremos que haya masacres como antes, no los vamos a matar en
caliente”.

Y luego reconoció que la liberación de Ovidio Guzmán fue una orden
presidencial: “lo de Sinaloa, para que no quede duda, fue una instrucción que
yo di porque estaba en riesgo la población y me importa mas la vida de la
gente; son concepciones distintas”.

Y entonces debemos preguntar.

¿En la masacre de Reynosa, presidente Obrador, usted también dió la
orden de que matarifes masacraran a la sociedad civil y que nadie tocara a los
matones?

Porque, si es así, se trata de otro crimen de Estado.
Se los dije, López Obrador es un criminal de Estado.