Nada raro resulta que el feminismo exhiba su sinrazón y sus múltiples contradicciones. El feminismo, yo lo he dicho y demostrado cientos de veces, es una forma de irracionalismo.

Por ello, el pasado lunes 25 de noviembre vimos justo lo que esperábamos: violencia estéril y ciega en una marcha “contra la violencia”. Contradictorio de pies a cabeza, sí… ¡así es el feminismo!

Y lo peor: vimos a unos cuantos descerebrados “justificando” el vandalismo callejerodesplegado por varios grupos feministas, a la usanza de los camisas negras de Mussolini y de los camisas pardas de Hitler. Por algo se las llama también “feminazis”. Si la irracionalidad violenta ejercida en pandilla resulta patética, más patética resulta la gente que quiere “justificar” esta irracionalidad violenta.

Preguntas elementales para personas sensatas que viven en estos tiempos canallas:

¿Qué relación existe entre la destrucción de cosas en una marcha y la violencia hacia las mujeres en la vida cotidiana?

¿Dañando monumentos, mobiliario urbano, calles, banquetas y negocios desciende la violencia hacia las mujeres o aumenta la efectividad de las políticas públicas en materia de seguridad y justicia?

¿Existe algún estudio científico que demuestre que a mayor grado de destrucción de la propiedad pública o privada, menor es la violencia que padecen las mujeres?

¡Y claro que nos preocupa la violencia que padecen las mujeres! Pero ¿destruyendo cosas se mejora la situación de las mujeres que sufren violencia o que pueden padecerla?

¿Qué efecto positivo para las mujeres tiene el bandolerismo feminista ejercido en pandilla? ¿Abona algo esta funesta práctica a la mejoría de la seguridad de las mujeres?

Las respuestas a estas, y a otras preguntas similares, son evidentes. No hay mucho qué argumentar. Y así lo hemos venidos diciendo: la violencia ciega y delictiva ejercida por las feminazis en nada beneficia a las mujeres. Nada cambió para las mujeres después de la Marcha Feminista del 25-N: ellas seguirán expuestas a los altos niveles de violencia, inseguridad y delincuencia que, de hecho, afectan a toda la sociedad.

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Y podemos pronosticar, sin temor a equivocarnos, que la violencia hacia las mujeres aumentará. Esto debido a la pésima política de seguridad de la Cuarta Transmutación: “Abrazos, no balazos”.

La actividad delictiva es la forma de vida de muchas personas, quienes están de plácemes ante los gobiernos de MORENA, expertos en replegarse ante el crimen, sobre todo ante el crimen organizado.

Las medidas cosméticas que han anunciado los gobiernos federal (AMLO) y local (Sheinbaum) son una tomadura de pelo: no tendrán impacto sustantiva alguno.

Lo que es peor: los destrozos ocasionados por las feminazis tienen un costo. Se trata de dinero público (de por sí escaso) que bien pudo destinarse a los rubros de seguridad pública, de procuración y administración de justicia, de prevención del delito, etc.

Estos significa que la violencia ejercida por las feminazis es estéril por doble vía: a) no genera ningún beneficio real para las mujeres y b) causa desperdicio de recursos públicos.

Concluyamos: nos preocupa la seguridad de las mujeres, pero más nos preocupa que haya gente que piense que destruyendo cosas se mejora en algo la situación de las mujeres.

Y no esperemos ninguna mejoría para las mujeres mientras los gobiernos de MORENAsigan basándose en la irracional “perspectiva de género”, en vez de hacerlo en la criminología.