Hay momentos en que el ser humano mira al cielo, para buscar respuestas a preguntas que no quiere responder, ante los designios de la naturaleza o la cuestionada acción de los hombres.

Maquiavelo, en su cálculo racional del actuar humano, coloca la audacia previsora, para hacer que la fortuna se coloque a su lado, hace de la necesidad virtud e impulsa acciones que controlen la fuerza de la naturaleza, el cauce del río, construyendo presas que permitan su mejor aprovechamiento en los tiempos de sequía.

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Una y otra vez se anota en El Príncipe, el valor de la previsión; pero aún así, nos cuesta aprender, preveer no es una virtud cotidiana, salvo cuando la necesidad obliga, lo mismo en temblores, que en época de lluvias, epidemias o bandidaje contra el ímpetu de lo natural o lo irracional en contra del interés social o nacional.

Perdemos más explicando las vacunas negadas que encontrando soluciones, igual en la carencia provocada por malas decisiones en medicamentos, o en la encomienda de contener la migración o en justificar alianzas sospechosas o en los errores de obras sin sentido o en la protección de colaboradores incapaces o de familiares abusivos de la posición de poder.

Ha sonado mucho el agua del río, las crisis en salud, desempleo, inversión, inseguridad, migrantes y gobernabilidad traen mucha corriente de desconfianza que atenta contra la legitimidad y la legalidad políticas. A la fuerza impactante de la naturaleza se suman los errores de un ejercicio del poder necio y sordo, del grupo que se desfonda y cambia por intereses personalizados y no a favor ni del príncipe ni del principado, que cada día socava la fortaleza original del bono electoral y democrático. El zorro y el leon son dos formas que deben equilibrarse en su ejercicio, el abuso de uno y otro desgasta. Las dificultades del gobernante también ocurren en el gobernado; alianzas sospechosas con el exterior, intrigas domésticas, carencia de visión en el objetivo de ganar no solo posiciones electorales sino la sustitución del poder, sin una visión estratégica y democrática, que sume virtud y fortuna, puede limitar éxitos futuros.

Adelantar tiempos en la sucesión, igual que posponer decisiones de gobierno, con intereses en un pulso personalizado, evitando a los otros actores que juegan en la misma arena territorial y temporal conlleva precipitaciones que desabarrancan proyectos y propuestas.
El cálculo maquiaveliano demanda una visión de estado, del todo político y social, del diagnóstico y del porvenir, la parcialidad interesada ciega la mirada, confunde fines y derrocha medios, termina por perder la brújula y entonces la naturaleza social se encarga de corregir las fallas del humano poder.

Hoy más que nunca se requiere sensibilidad, entendimiento y razón, para que con prudencia, paciencia y persistencia, vayamos adelante, en pos de la fortuna con la virtud experimentada de todos.