El panorama internacional y nacional de México presenta una serie de problemas que hacen difícil pensar que, en el corto y mediano plazos, puedan resolverse, más aún si mantenemos la ruta que el gobierno actual ha trazado.
La crisis de salud señala pérdidas de vida, contagios de pandemia COVID-19 que pudieron evitarse, carencia de medicinas en hospitales, vacunas desperdiciadas por no tener un plan de vacunación integral y no politizado, infraestructura insuficiente e ineficiente, con una organización que solo cambia de nombre y afecta lo que mal que bien ya funcionaba, el paso del Seguro Popular al INSABI y de éste al control del IMSS, deja mucho que desear sobre la actual capacidad de quienes tienen bajo su responsabilidad el tema de la salud nacional.
La economía nacional ha caído, la inflación sigue en ascenso, la inversión brilla por su ausencia, las remesas enviadas por los paisanos de EU son el sostén de muchas familias y del mercado interno, no hay un programa adecuado de reactivación económica, los supuestos controles de precio solo conllevan mayor costo y deterioro de los bolsillos del consumidor, los productores ven que no hay estabilidad en muchas de sus tareas, los comerciantes enfrentan el incremento de los combustibles y, la inseguridad cabalga con plena libertad, afectando las cadenas productivas.
Hemos rebasado las cifras de homicidios dolosos, al cuarto año de gobierno ya hay más muertos que los que ocurrieron en todo el sexenio de Calderón, hemos tenido días que superan cualquier registro de fallecidos, hasta 126 en una jornada, cuando el estándar era de un máximo de 17 por cada 100mil habitantes, los feminicidios no tienen límite, la impotencia y el coraje se acumulan ante estas tragedias y sus impactos se suman a los actos cuasiterroristas de los grupos crimínales en diversas partes del territorio nacional. Los nombres de las tragedias crecen como hongos después de la lluvia, sean de las víctimas y sus familias, sean de los lugares donde ocurren estos actos que tienden a normalizarse, colocando a la sociedad en estado de indefensión y al gobierno como incompetente o cómplice de la delincuencia.
Nuestras posiciones frente al exterior han generado rispidez y tensión frente a nuestro principal socio y los vínculos gubernamentales con otros gobiernos han dejado mal parada la posición de una diplomacia respetuosa y digna; titubear ante la guerra de Rusia contra Ucrania, nos ha colocado en el lado oscuro de la historia, defender dictaduras o gobiernos altamente autoritarios nos dibuja en una ruta anti democrática, enfrentar a la hegemonía de EU, nos genera otros problemas económicos y sociales y nos coloca en posición de debilidad, que altera nuestras relaciones internacionales y nos lleva a una falta de entendimiento de la geopolítica mundial.
El crecimiento de la corrupción, incluida la inoperancia y distorsión de los proyectos de gobierno, conlleva la confrontación con grupos de la sociedad; el discurso del odio polariza y complica los necesarios acuerdos entre las fuerzas políticas, y muestra intereses aviesos de la clase política que atentan contra el interés, el desarrollo y seguridad nacionales.
Es previsible una derrota más en la propuesta electoral y la aprobación de la guardia nacional, pues se han dinamitado los puentes y el diálogo necesario; tal parece que no son más que simples cortinas de humo o distractores para mantener un discurso de odio contra los adversarios u opositores, para entretener a la sociedad y a los allegados, pero esta política no lleva a resolver los grandes problemas nacionales, las crisis siguen creciendo, cobrando más víctimas y azuzando la ingobernabilidad y la inestabilidad política y social.
Estamos instalados en el proceso electoral, con una parada en junio próximo, pero con dirección a la sucesión presidencial de 2024. Todo la carne al asador, todo pasa por lo electoral y así, aún siendo relevante el tema, los demás aspectos problemáticos siguen creciendo. Aumentan las víctimas, las tragedias y decaen las políticas públicas.
Hay cerrazón en el poder político, que se nutre de la polarización y confrontación social, sin embargo, las recientes votaciones, abierta en la revocación de mandato y cerrada entre los diputados con la reforma eléctrica, marca una pérdida de confianza hacia el gobierno y sus propuestas, sus recientes derrotas en votaciones, señalaron sus vulnerabilidades, su potencial electoral y sus carencias, si la oposición en su conjunto sabe leer estos indicadores puede trazar un proyecto que bien llevaría a la cuarta alternancia. Esta es la desesperación presidencial, estos son los efectos de una mayor confrontación. Tal parece que los otros datos, son peores de lo que observamos.
En la Antígona de Sófocles, se registra que: “Nadie ama al mensajero que trae malas noticias”.
Esperemos que la necesaria prudencia en el poder político y en el fáctico, no desborde al estado de derecho, que se tambalea ante la incompetencia de la autoridad.