“El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente.”

Lord Acton

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¿En México continuará imperando la corrupción? 

Se podría pensar que con la evolución del ser humano a través del tiempo se generaría una sociedad con un mayor índice de igualdad, sin embargo, es todo lo contrario, un reflejo de ello son los diversos países que registran rezagos importantes los cuales se proyectan a través de sus índices de pobreza, cobertura de salud, inseguridad, nivel educativo y corrupción…México no es la excepción. El tema es complejo debido a la diversidad de aspectos que influyen y están ligados de manera directa con la cultura e idiosincrasia mexicana.

 

El fenómeno de la corrupción afecta en diversas esferas de la sociedad sin que ningún gobierno se decida a combatir en su totalidad porque genera “costos políticos”, que no están dispuesto a asumir. La actual administración retoma  el reto con la frase: “vamos a limpiar al gobierno de corrupción como se barren las escaleras: de arriba para abajo». ¿Hasta cuándo se cumplirá la promesa?

Este compromiso público ofrece reflexiones que distan de lo que se percibe a través de un discurso protagónico. La actual administración inició “una cacería de brujas disfrazada de justicia”, como parte de la estrategia anticorrupción igual que administraciones pasadas, sin embargo existen puntos a considerar:

 

Punto uno, lejos de lo que difunden los medios de comunicación y la verborrea política. La corrupción es de origen social y trasversal porque repercute en todas las esferas del acontecer nacional. ¿Entonces por qué focalizar esfuerzos para eliminar la corrupción solo en las instituciones? Acaso con esta medida se terminará el problema. Desde luego que no, las instituciones como el sistema político mexicano es un reflejo social. Es necesario implementar una cultura de la legalidad social.

Punto dos, existe un desequilibrio de poder del Estado mexicano en donde la política no tiene contrapesos. Es decir, está por encima de la economía, la seguridad, la justicia y la sociedad. ¿Los hechos de corrupción por parte de actores políticos en turno se juzgarán imparcialmente? Nadie que pretenda continuar en el poder podría evidenciar acciones deshonestas dentro de su círculo cercano. 

 

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Punto tres, diagnóstico situacional erróneo. Se navega entre lo políticamente correcto y tendencioso, con análisis simulados de mentes vulgares que eliminan, generalizan y distorsionan la información a conveniencia. ¿Es la política o el político? ¿Son las instituciones o ciertos servidores públicos? ¿Las empresas que evaden impuestos o la cúpula directiva que se enriquece? Todos poseen una particularidad y los actos de corrupción tienen nombre y apellido.

Punto cuatro, no se puede erradicar un resultado, solo cambiar los factores para incidir en otro diferente.  La corrupción es el resultado de la deshonestidad, mientras que la impunidad, es la carencia de justicia. Lo cierto es que la falta de principios como la ética profesional, cultura de la legalidad y honradez social contribuyen para que predomine esta situación. En tanto, las consecuencias van a continuar a menos que se implementen variables diferentes. 

Punto cinco, existe miedo a fallar, a señalar a la administración en turno de incapacidad para gobernar.  Solo así se entiende la frase “La culpa siempre son de los anteriores”. Sin embargo, existen ponderaciones universales: el pasado no se puede cambiar, quedó atrás. El futuro e inercias sí, desde el presente. 

Es indiscutible que la corrupción tiene un impacto negativo a nivel nacional. ¿En México continuará imperando la corrupción? Siempre que se asuma el reto para hacer frente a esta problemática al iniciar una cultura de la legalidad social, en donde políticos, empresarios, servidores públicos y ciudadanos asumamos el compromiso de la aplicación de la ley más allá de los intereses propios estaremos en condiciones de erradicar la corrupción. Lo demás, es show, simulación y distracción.

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