Cuando el Presidente dijo que no le importaba nada y que echaría abajo a la Policía Federal para que naciera la Guardia Nacional, no pensó en lo grave que sería para la seguridad nacional y para la sociedad en general.

Los policías exigen una cosa muy sencilla, que se respete su trabajo y que se les pague lo justo, que les den la oportunidad de integrarse a la Guardia Nacional y que no los dejen sin trabajo. Pero el Presidente no escucha, no es receptivo, sólo le interesa cumplir su capricho.

Entre otras cosas, Andrés Manuel López Obrador ha señalado que la Policía Federal era corrupta e insinuó que tenía nexos con el crimen y tal vez sí, pero ¿desaparecerla era la forma de acabar con eso, no era más fácil ganarse su lealtad? ¿no era más inteligente revisar sus sueldos, sus equipos, sus necesidades y que estaban dando su vida, en algunos casos, por 6 mil pesos al mes?

El tema es que hoy los policías exigen un trabajo con buen sueldo, esos sí, se equivocan al negarse a la evaluación, ya que si están totalmente capacitados, es lógico que se merecen un espacio en la Guardia Nacional, pero tampoco está bien que les den menos que a un nini como indemnización.

Sea lo que sea, el tema más preocupante es que a los policías federales despedidos los está llamando el crimen organizado. En dos momentos el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel del Golfo le ha pedido a los elementos de seguridad que se manifiestan y que están desempleados, que se unan al narco.

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Para qué se de una idea de la magnitud, el CJNG ofrece 16 mil pesos mensuales y el Golfo hasta 35 mil pesos por trabajar con ellos. ¿Se imagina? Y mientras despedimos policías a los que ya se les pagó la capacitación, le entregamos al crimen organizado elementos capaces de combatir a las fuerzas armadas.

Dicho de otro modo, que mientras nos quedamos sin policías, por el capricho del Presidente, el narco los recluta, los apapacha y les paga bien.