Desde la adopción del Estado liberal y democrático de Derecho uno de los temas fundamentales que se viene discutiendo es el del control del poder; en primer lugar se adoptó el sistema de “división de poderes”, sin embargo, pronto se vio que no bastaba ya que si el ejecutivo tenía mayoría absoluta en el congreso, las tentaciones para violentar el Estado de Derecho eran muchas, más aún si no había sanción; luego, vinieron controles trasnacionales, a través de organismos internacionales, como la ONU o la OEA y sus tribunales, comités, comisiones, etcétera, sin embargo, salvo el caso de Europa, en los demás casos no se dan abasto, por falta de recursos económicos,  para llevar a cabo estas funciones; en nuestro país también se recurrió a la figura de los “organismos autónomos”, que aunque se ha abusado de ellos, tienen un defecto de origen: los nombramientos los hace el legislativo y por lo tanto son el resultado de una negociación política, en ocasiones inconfesable, pero de algo sirven, por no decir el caso antes mencionado que el ejecutivo tenga mayoría absoluta en el legislativo.

También existen otros instrumentos como la prensa libre o las ONG, siempre y cuando no estén viciadas con subjetivismos, o las universidades y demás instituciones de educación superior o de investigación. En estos últimos caso, tenemos que mencionar que tales instituciones carecen de medios coercitivos, afortunadamente.

En nuestro país, después de muchos años de estar gobernado por un partido hegemónico, el PRI (que tenía un poquito más de pudor que el actual Partido oficial: Morena), desde 1977 se han venido abriendo causes muy importantes para una auténtica democracia. Pensábamos que con el advenimiento del siglo  XXI se había alcanzado, claro, con sus asegunes, pero era un buen avance.

Así llegamos a 2018 cuando Andrés Manuel López Obrador materialmente arrasó en las elecciones, no nada más ganando ampliamente la Presidencia de la República, sino ambas cámaras del Congreso de la Unión. Además, luego, logró someter a la Suprema Corte, negociando una muy pequeña reducción, más simbólica que nada, a los exorbitantes sueldos y prestaciones de los señores y señoras ministras, a cambio de esa sujeción, lo que se manifestó en la tersa elección del presidente de ese tribunal en que resultó agraciado alguien cercano a los afectos del Ejecutivo, o cuando dijo que había logrado que la Corte no resolviese la devolución de una enorme cantidad de dinero en pago de impuestos. Lo mismo podemos decir de los organismos constitucionales autónomos que han venido sufriendo un acoso permanente.

La oposición en el Congreso es tan pequeña que la única fuerza con que cuentan es en las reformas constitucionales, pero el PRI ha estado muy dispuesto a negociar lo que sea, quien sabe a cambio de qué; el PAN quedó muy golpeado después de los excesos de su último candidato presidencial; mientras que el ridículo Partido Verde se pasó al enemigo con todo y armas y municiones.  La crítica en los medios de comunicación social –salvo quien ya sabemos- ha sido unánime en sus certeros y en ocasiones demoledores señalamientos; pero parece que al destinatario le hacer lo que el viento a Juárez, pues lo que antaño lograban con sus reproches, hoy no pasan de insultos grotescos como aquello de “prensa fifí”.

Estamos viendo cosas verdaderamente monstruosas como el tirar a la basura, por un capricho sin fundamento, miles de millones de dólares, que se habían invertido en el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, recursos económicos que eran propiedad de la Nación, sin que se finquen responsabilidades jurídicas al autor de tal quebranto económico; o construir nuevas refinerías, en vez de arreglar las que ya existen y que están trabajando a mínima capacidad; o dejar a miles de niños sin estancias infantiles, creado a sus madres problemas terribles, que las pueden llevar a tener que dejar su trabajo, etcétera, etcétera, y mil locuras más que los medios de comunicación han destacado puntualmente, y no logran mover la voluntad del responsable.

Tenemos a un chamaco enloquecido que sus padres le han dado una tarjeta de crédito que esta usando a tontas y locas, sin que le importe como se va pagar, y no hay poder humano que lo frene. Como dijo Cicerón “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? Que significa “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?»

Por todo ello, y más, tenemos que pensar en nuevos y más eficaces medios de control al poder, como auditorías ciudadanas, referéndums  y plebiscitos obligatorios, fortalecer los poderes locales, particularmente los ayuntamientos, y muchas otras cosas.

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