Cuando un delincuente/criminal busca intencionalmente la muerte de su víctima, ocurre el homicidio doloso.

En toda la administración del gobierno del expresidente Calderón hubo un registro de 120 mil 463 homicidios dolosos.

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En lo que va del gobierno actual, que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, nos acercamos rápidamente a esta cantidad trágica, en 40 meses se han registrado cerca de 119 mil homicidios dolosos y conforme a la tendencia, a finales del mes de abril se alcanzarán y superarán los números de estos homicidios dolosos.

Esto significa que en los próximos días serán superados la totalidad de homicidios dolosos ocurridos en todo el gobierno, en los seis años, del expresidente Calderón.

Un dato duro trágico que expresa el crecimiento de la violencia criminal, de la inseguridad prevaleciente en el territorio nacional y de los resultados limitados para evitar estas muertes, para lograr contener las confrontaciones entre grupos criminales y disminuir la violencia en contra de la población.

Ante estos datos, estas acciones y resultados fatales y trágicos no hay justificación que valga. No es aceptable considerar que son las muertes producto del enfrentamiento entre las propias bandas criminales, o que estaban involucradas las víctimas en tareas ilegales sin que medie prueba alguna, o que hay mayor letalidad entre las fuerzas armadas, o que así venía la violencia y criminalidad, desde el pasado, o que la propuesta de los abrazos y no balazos requiere más tiempo para que se vean sus resultados.

La realidad es que el discurso de que disminuyen los homicidios dolosos no tiene sustento alguno, echar las campanas al vuelo porque disminuyen momentáneamente algunos delitos, es auto engañarse ante los trágicos hechos. Las masacres ocurridas desde San José de Gracia, Aguililla o Zinapécuaro en Michoacán, o en centros turísticos como Acapulco o Cancún o en Colima, Sonora, Zacatecas, Tamaulipas y otros mas, no cesan, por lo contrario, siguen en aumento.

Tanto se ha mencionado la necesidad de que debe cambiar la estrategia de seguridad que ya no hay impacto, se normaliza la violencia, se pierde la confianza y la sociedad queda en estado de indefensión.
Los hechos, los resultados, dejan ver que el gobierno se ocupa de otras cosas, que mira a otro lado y se dedica a los asuntos políticos-electorales, distrayendo recursos humanos y económicos que debieran atender la crisis de seguridad; para bien de todos la crisis de salud ha disminuido, los datos registran una disminución en contagios y muertes por la pandemia, pero la vacunación no alcanza aún la universalidad deseada.

La mirada del exterior muestra pérdida de control en más de la tercera parte del territorio nacional, en donde la delincuencia organizada crece y controla, así, los homicidios dolosos continuarán a la alza, con las trágicas y lamentables secuelas que esta situación arroja en la tranquilidad y estabilidad social y política, así el desarrollo y seguridad de la nación no avanzan.

Ojalá pronto se adopten las acciones de gobierno y de la sociedad para devolver la seguridad perdida.