Vamos paso a paso. De ninguna manera se trata de minimizar el problema de violencia que existe contra las mujeres, pero es importante visibilizar todas las violencias. Los hombres también sufren violencia.

Las estadísticas no son claras, pero las historias son muchas. Hay factores comunes que disminuyen las posibilidades de saber si un hombre sufre o no violencia. Primero, que los hombres no denuncian que son violentados porque son ridiculizados, incluso por las propias mujeres.

La mayoría no dice nada porque se sienten avergonzados, en ocasiones porque las autoridades no les creen y en tercera, porque existe negación del problema. Sea cual sea el motivo, es más difícil hacer justicia para un hombre que para una mujer que sufre violencia.

Los argumentos son ambiguos. En un reciente caso expuesto para Letra Roja una mujer golpeó a un hombre porque había pedido a su esposo que arreglara una fuga de agua y no lo hizo cuando ella dijo. En medio de los golpes, el hombre la empujó para que ya no lo golpeara, pero el Ministerio Público determinó que él era el agresor. Después del divorcio perdió la custodia de sus hijos, porque la mujer dijo que era violento a pesar de que nunca la había tocado.

La mayoría de los juicios por custodia o alimentos son dominados por mujeres. Incluso cuando la madre no sea la mejor opción para los menores. Los utilizan para lastimar a los padres, para exigir más dinero y para evitar «que sean felices». Aunque existen jurisprudencias para que los papás tengan la custodia, lo máximo que ganan son visitas esporádicas.

La violencia contra los hombres es tan común que no sólo se da de una mujer a un hombre, sino de los propios hombres. Comentarios como «mandilón», «eres puto si le haces caso a tu vieja» o » a mí ninguna mujer me manda» son parte del día a día.

Lo peor es que muchas de las mujeres que hoy tienen la bandera del feminismo violentan a los hombres porque sí, porque deben tener «mano dura», porque hay que educarlos.

El fondo, más allá de poner en la mesa la violencia contra los hombres, es revisar la congruencia de las luchas. Si todos queremos igualdad, pues que se juzgue por igual a los hombres y las mujeres, con todo lo que eso implica.

Si todos quieren que se acabe la violencia de género, seas hombre o seas mujer, es mejor hablar más y pelear menos. Es mejor suponer menos e investigar más. Es mejor dejar de exigir lo que no se está dando.