La violencia racial, de género, sexual y otras formas de discriminación
y violencia no pueden ser eliminadas sin cambiar la cultura
(Charlotte Bunch)

¿Hasta cuándo va a continuar la violencia en contra de las mujeres? Los reclamos de las feministas que se manifestaron en Palacio Nacional se confundían entre la multitud, mientras que a través de sus voces pregonaban mensajes: ¡México feminicida!, ¡Justicia si, rifa no! para protestar porque a decir de las inconformes, la actual administración demuestra desinterés ante el feminicidio que cada día registra más víctimas. Todos estamos de acuerdo que el problema requiere una pronta solución.

El feminicidio se tipificó desde el año 2012 en el Código Penal Federal, artículo 325 que a la letra dice: “comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género”. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que 6 de cada 10 mujeres mexicanas han sufrido violencia durante su vida.

En tanto el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), Veracruz es el estado más peligroso para las mujeres al registrar 153 víctimas de feminicidio de enero a octubre de 2019. El Estado de México es donde mayor violencia emocional, económica, física y sexual se ejerció hacia una mujer por parte de su pareja (53.3% de los casos), seguido de la Ciudad de México (52.6%) y Aguascalientes (49.8%).

A nivel internacional, la periodista Patricia Ynestroza, en las noticias del Vaticano refiere que: en América Latina y el Caribe se ubican 14 de los 25 países del mundo en donde más se cometen feminicidios (se monitorean cifras de 221 países), además, sólo en 2 de cada 100 casos los agresores son enjuiciados, de acuerdo con el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La evidencia estadística demuestra que la violencia feminicida continúa creciendo en el mundo.

Ahora bien, sin la intención de menospreciar el feminicidio es extraño el fenómeno de impacto social que tienen los homicidios. Las muertes de reporteros posean diferente importancia que los asesinatos de militares y policías, así como niños indígenas fallecidos en la sierra a un estudiante con solvencia económica de la ciudad. En la amplitud de los derechos adquiridos creamos una idea polarizada. Entonces ¿Vale más la vida de un ser humano que otro? Parece que sí.

Las autoridades minimizan el sufrimiento cuando se prioriza la atención con base a los roles sociales. Por ello y para evitar costos políticos se instauran fiscalías. “El dolor no tiene condición”, ¿Por qué no realizar acciones para exigir justicia por igual, independientemente del género? Sólo con esfuerzos en conjunto, responsabilidad compartida e inversión económica se podrían reducir los índices de violencia.

Hoy parece que las cifras oficiales de 34,500 asesinados no importan siempre que no acaparen la esfera femenil. Por ello predomina el doble discurso y la falta de contundentes acciones. ¿Por qué no condenar los homicidios sin distinción? Aún pensamos que modificar las leyes una y otra vez es la solución, en lugar de priorizar la aplicación de la ley.

En fin, las injusticias no tienen rostro. Es necesario combatir los homicidios sin distinción de género. Mientras que el feminicidio es un problema que va en aumento. Sin embargo, es momento de empoderar a las mujeres con protocolos de atención temprana por parte del Estado, ante las primeras muestras de violencia y sobre todo garantizar la protección integral a las víctimas. No esperar que más voces proclamen justicia o peor aún, que la desgracia toque a tu puerta.

Hasta el próximo martes.

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