La discusión de personas en tragedia, más allá de los números o los datos duros, expone posiciones en juego encontradas, para justificar acciones u omisiones en función de las explicaciones sobre diversas situaciones que confrontan al poder político.
Si bien se asume la tesis de que sin seguridad no hay desarrollo, la crisis que la inseguridad ha provocado conlleva repercusiones en diversos ámbitos de política exterior e interior.

Una especie de neoliberalismo, un dejar hacer dejar pasar, por parte de la autoridad responsable en múltiples materias, como salud, economía, seguridad y gobernabilidad, coloca a la sociedad en estado de indefensión.

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Los datos que muestran el incremento de contagios por COVID-19 se vuelven a disparar, algo inexplicable ocurre, hay vacunas guardadas, y sin embargo no hemos logrado cubrir el 20 por ciento de los más de 126 millones que somos, en calidad de las personas vacunadas; no hay inmunidad de rebaño, y los cuidados básicos deben mantenerse, la sana distancia, el cubrebocas y evitar las reuniones masivas innecesarias. La autoridad no logra asumir una responsabilidad clara y precisa, de ejemplar guía de la sociedad.

No hay medicamentos para atender enfermedades graves, el denominado austericidio provocado por decisiones de gobierno ha sido contraproducente, el afán de borrar el pasado gubernamental y marcar nuevos derroteros, ha resultado muy costoso en vidas de y para los mexicanos, los niños, o los enfermos pagan con su vida malas decisiones en salud.

Por otro lado, la voz presidencial discute contra los medios de comunicación, formas y contenidos, para defender supuestas verdades que chiscan con la realidad, se discute los datos trágicos, las muertes en lo que va del sexenio, matan a 68 activistas y 43 periodistas, un dato gubernamental mayor al difundido en medios; el afán de colocar control o disminución de homicidios, cae una y otra vez, el récord de muertos por homicidios dolosos expone la derrota para controlar la acción de los grupos crimínales que deciden no portarse bien, que aprovechan una idea neoliberal que les permite hacer lo que quieran y se expone en los abrazos y no balazos, afectando la tranquilidad social, enfrentando las fuerzas del orden y socavando la dignidad institucional disponiendo de la vida de muchos mexicanos, Aguililla, Mich., habla fuerte y por si sola.
Hoy día, en Pantelhó, Chis., se conjugan conflictos étnicos de antaño con un déficit de atención social acumulado que lleva a la confrontación local a la que se han sumado grupos crimínales, desplazamiento de habitantes, abandono de tierras, casas, que hacen imposible la seguridad y protección para proteger vidas, familias, mujeres, niños. La presencia de una migración centroamericana descontrolada agrega conflictos y problemas a quienes viven en Chiapas.

Desde nuestra frontera sur hasta el norte se trazan rutas dolorosas y trágicas, con números graves en tres rutas: la que va hacia el golfo, con migración violenta para lograr la frontera hacia EU; la ruta del centro, que expresa la trata de personas, que avanza y atraviesa la Ciudad de México, logra temporalidad en Tlaxcala y da un salto hacia el norte del país y, la tercera ruta del y por el Pacífico, que muestra el tráfico de drogas, particularmente las sintéticas.

Estos aspectos de tráfico de migrantes y personas, de drogas, que atraviesan el espacio mexicano, han colocado el semáforo en rojo en la relación México-EU, que con visitas constantes de quienes dirigen el gobierno y las agencias de seguridad y defensa nacionales, actúan para proteger los intereses estadounidenses.

Vuelve el temor de una teoría del dominó, que conspira en contra de los intereses nacionales, los recientes y trágicos hechos de Haití o las confrontaciones en las manifestaciones de Cuba, devuelve la mirada al espejo nacional, obliga a valorar y a Repensar México.

Ya no calan las acusaciones al pasado, a otros, las convocatorias a la unidad se pierden en el desierto de la retórica. La soledad en el poder y su desbordamiento, busca la atención por la vía de consultas que muchos creen innecesarias, sobre todo cuando existen leyes para atender los temas de consulta y debieran aplicarse y, se abre la sucesión presidencial, todo ello se observa como medidas de distracción, ante la negativa o dificultades de atender los verdaderos problemas nacionales.