Cuestionado sobre el caso del escritor Enrique Krauze –a quien se le atribuye la dirección de un supuesto plan fallido para evitar su llegada al poder– el presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó el pasado lunes que en su gobierno no habrá intelectuales orgánicos: “Lo que estamos buscando es que el Estado ya no proteja escritores […]. Si los conservadores quieren tener ideólogos, que ellos los financien”, sentenció.

Sin embargo, la realidad es distinta. La “Cuarta Transformación” también tiene a sus propios intelectuales orgánicos. Para comprobarlo, vamos al origen del concepto.

El término “intelectual orgánico” fue acuñado por el filósofo italiano Antonio Gramsci, quien distinguió a los intelectuales de acuerdo con su función y su relación con la estructura social, política y económica.

Para Gramsci –de formación marxista– cada clase “crea junto a ella y forma en su desarrollo progresivo” a intelectuales orgánicos, entendidos como “empleados del grupo dominante para el ejercicio de funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político”.

Lo anterior significa a grandes rasgos que los intelectuales orgánicos son quienes articulan y difunden la ideología conveniente a los intereses del grupo en el poder.

El concepto, que originalmente se refiere al proceso de reproducción ideológica en el Estado capitalista ha sido utilizado en México para referirse a intelectuales cercanos al régimen priista, como se señala a Krauze.

Extrapolando esa laxitud conceptual al régimen obradorista, bien podría decirse que la “cuarta transformación” tiene a sus propios intelectuales orgánicos.

En su columna de este martes en Milenio, Gil Gamés citó algunos ejemplos, como el de los colaboradores del periódico La Jornada, John Ackerman y Rafael Barajas “El Fisgón”, quienes a su vez dirigen la Escuela de Cuadros de Morena.

Gamés también citó el caso del historiador Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica; el del ex director del diario Regeneración y actual vocero presidencial, Jesús Ramírez; y el del titular del Sistema Público de Radiodifusión, Jenaro Villamil, periodista del semanario Proceso.

Los casos anteriores son ideales para demostrar que además de contar con intelectuales orgánicos, el nuevo régimen también ostenta el control de los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE).

El filósofo francés Louis Althusser –también de formación marxista– identifica a instituciones cuya función consiste en reproducir la ideología del grupo dominante. Antaño, el aparato ideológico por excelencia fue la iglesia. Sin embargo, para el autor la religión se vio desplazada por la escuela, y para muchos, esta a su vez perdió terreno ante los medios de comunicación.

De este modo resulta sencillo entender la excelente relación de AMLO con la iglesia católica y con los evangélicos; también la importancia que otorga a la derogación de la Reforma Educativa, y por supuesto, su ya mencionada relación con intelectuales ligados a medios de comunicación.

Siguiendo la lógica de Althusser, también es más sencillo entender el proyecto de la Guardia Nacional, que en esencia es un aparato represivo del Estado.