«El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto, quemará la aldea para poder sentir su calor» .

-Proverbio africano.

Recuerdo que en la infancia, durante el juego de “Policías y ladrones”…todos queríamos desempeñar el papel de “autoridad”, ahora los niños prefieren ser “villanos”. Olvidados por la sociedad, los anhelos infantiles truncados representa una realidad.

Nacidos para morir de manera prematura, el sicariato infantil en México avanza -sobre todo en las zonas marginadas- mientras que los programas sociales sólo se concentran en atender superficialidades. La perversidad toma la delantera y hace que infantes se conviertan en asesinos. ¿Es la sociedad, el gobierno, o la delincuencia?  casos como el de Edgar Jiménez Lugo (a) “El Ponchis”, detenido en diciembre de 2010 como responsable de la muerte de cuatro personas, mismo que se involucró con los cárteles del narcotráfico a los 12 años. Este ejemplo es un episodio en donde los anhelos infantiles se ven truncados. 

Tendríamos que analizar los factores que inciden en la violencia  ¿Por qué dicho fenómeno va en aumento en las comunidades? Primero porque no presenta votos electorales, segundo tampoco un interés económico-empresarial. El resultado, continúa la violencia en la senda de la ignominia. 

Los grupos criminales también se aprovechan de la inocencia y falta de oportunidades económicas para reclutar a los menores de edad hasta convertirse en “halcones”. Es decir, vigilan la presencia de autoridades y/o grupos antagónicos, así como vender estupefacientes y generar un clima de terror contra “enemigos y adversarios”.

Considero necesario mencionar que factores como la pobreza y la desintegración familiar de manera precisa afectan el tejido social. Asimismo, comparto la postura de la psicóloga Alejandra Calixto Sánchez, especializada en Atención a Víctimas, cuando afirma “que un menor de edad sin apegos ni empatía a su similares es capaz de cometer los homicidios más crueles”.

Sólo basta recordar que a principios de este año la sociedad se conmovió después que un adolescente de 11 años en Torreón, Coahuila, mató a su profesora e hirió a sus compañeros y después se suicidó. En 2017 se presentó una situación equivalente en Monterrey, Nuevo León, un alumno de 15 años disparó contra su maestra y compañeros. En ese momento se quitó la vida. 

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), del 2006 a marzo de 2019, se tiene registro de 19 mil niñas, niños y adolescentes víctimas de homicidio doloso. Ocho de cada 10 son víctimas de arma de fuego; es decir, han sido ejecutados o mueren en un enfrentamiento entre organizaciones rivales o integrantes de corporaciones o Fuerzas Armadas.

Una vez que llegamos a este punto, podemos decir que existen otras condiciones que fomentan la violencia más que la pobreza y la marginación, quizá el abandono emocional traducido en odio y rencor. Mientras que factores como los videojuegos suplieron el cuidado del menor, los móviles acapararon la atención del adulto, dejo de existir comunicación.  

En la educación de antaño existía la aplicación de la ley por parte de los adultos, por ende, respeto, así como una conciencia de las consecuencias. La violencia no resulta un tema menor: los menores de 14 años no pueden ser imputados penalmente. Los carteles del narcotráfico aprovechan la debilidad emocional y los utilizan como un valor momentáneo por la presencia desapercibida ante una amenaza para las fuerzas del orden, víctimas y adversarios

No tenemos duda que los niños representan el futuro del país. Los cambios en el sistema penal para que sean juzgados como adultos tampoco son la solución. Ojalá que la aplicación de la ley se convierta en sinónimo de respeto, para que sea replicado en los adultos en aras de la seguridad en beneficio de la sociedad. Es una realidad dispersa, con los anhelos truncados…los niños dejaron de jugar.

Hasta el próximo martes.

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