El presidente López Obrador, su partido Morena, su gobierno fallido, su “mafia en el poder” y su “fiscal carnal”, van con todo contra la UNAM.

Sí, Obrador y Alejandro Gertz Manero quieren llevar presos a una treintena de científicos e investigadores del Conacyt porque, dicen, la ciencia se niega a aceptar el pensamiento único, porque rechazan la dictadura lopista y porque las mujeres y hombres de ciencia piensan distinto.

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Claro, a pesar de que muchos investigadores, científicos, intelectuales y periodistas creyeron y votaron, en su momento, por AMLO.

 

Pero no es todo.

Además, López, su partido, sus lacayos en el Congreso y su “pandilla criminal”, van contra el Instituto Politécnico Nacional; el mítico (IPN) que pretenden privatizar.

Por eso obligan las preguntas, ante el embate de la dictadura de AMLO contra la educación ciencia, la educación superior; contra la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y contra la libertad de cátedra.

¿Dónde están los rufianes, vividores y depredadores del “movimiento estudiantil del 68”?

¿Dónde están los rufianes, vividores y depredadores del CEU de 1986-1987 de la UNAM?

¿Dónde están los rufianes y “ternuritas” de movimiento estudiantil “Yo soy 132”, que en 2012 se manifestaron “a favor de la libertad de expresión” y “contra la imposición mediática” de Peña Nieto?

¿Dónde están todos esos vividores del poder?

La respuesta es una vergüenza para la historia estudiantil mexicana.

¿Por qué?

Porque muchos de los líderes de esos tres momentos de la historia y de la lucha universitaria hoy están en las filas del partido oficial que defienden al crimen organizado.

¿En las filas del crimen organizado?

Sí, la mayoría de los líderes estudiantiles del 68, del 71, del 86 y 2012, hoy no sólo son militantes de Morena, sino que cobran en el gobierno de AMLO a cambio de callar y solapar a la nueva mafia del poder; a cambio de pingües 30 monedas.

Sí, líderes de esos tres momentos de la conciencia estudiantil hoy son una afrenta a la congruencia de las luchas juveniles; muestra de que los movimientos estudiantiles del último medio sólo sirvieron para crear vividores del poder e ídolos de estiércol.

¿Por qué?

Porque hoy, los líderes que sobreviven al “movimiento estudiantil del 68” son lacayos de AMLO, el dictador que es peor que Díaz Ordaz, ya que persigue universitarios, investigadores, creadores y críticos.

Porque hoy, la mayoría de líder del CEU son parte de la mafia llamada Morena; peores que el viejo PRI, ya que pelean por las migajas del poder además de que traicionan principios e ideales por un plato de lentejas; porque mienten y engañan a los ciudadanos por 30 monedas..

Porque hoy, la mayoría de los líderes visibles del “Yo soy 132” –como Genaro Lozano, Antonio Attollini y Carlos Brito–, no solo están en Morena sino que son lacayos de AMLO.

Sí, sin vergüenza, todos esos vividores del poder defienden las peores lacras de la vieja política antidemocrática del PRI –de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado–, y solapan raterías y antidemocracia de Morena y de AMLO.

Sí, reputados líderes del 68, como Pablo Gómez y otros, roban millones de pesos mensuales al dinero público, a cambio del silencio y la complicidad; a cambio de vender su conciencia y la conciencia de sus hijos y de sus nietos.

Sí, los más reputados líderes del CEU, como Claudia Sheinbaun, como Martí Batres y como muchos otros, venden su conciencia y la de sus hijos a cambio de una tajada del poder al más puro estilo del viejo PRI.

Sí, los más reputados líderes del “Yo soy 132”, como Genaro Lozano, Antonio Atollini y Carlos Brito hoy militan en Morena y defienden a capa y espada al dictador Obrador; cuya némesis los convierte en traidores a la patria.

Y es que en Morena y en el gobierno de AMLO “la mayor virtud” es la traición a la historia, a la congruencia, a la verdad y a la rectitud.

En Morena y en el gobierno de AMLO las obligaciones son mentir, engañar, traicionar y robar.

Y todo eso hace AMLO y lo solapan Pablo Gómez y buena parte de los “sesentayocheros”; todo eso hacen Claudia Sheinbaum, Martí Batres y la mayoría de los fundadores del CEU; todo eso hacen los reputados líderes del “yo soy 132”, como Atollini Lozano y Brito.

Lo simpático es que no conocen el poema clásico del gran José Emilio Pacheco, titulado: “Antiguos compañeros se reúnen”.

Aquí en dos líneas: “Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte años”.

Si, son el mismo estiércol que se tragaron a los veinte años.

Se los dije.

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