No, no hablamos de la falla geológica que, de tanto en tanto, desata terremotos devastadores en las costas de California, en Estados Unidos.

No, en realidad nos referimos a las fallas, los errores y las torpezas del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien no pocos motejan como “San Andrés”, por su proclividad a provocar milagrosos cambios en la realidad.

Y, precisamente la renuncia de Carlos Urzúa a la titularidad de Hacienda, exhibe las graves fallas de “San Andrés” y nos deja claro que muy pronto, antes de que muchos lo imaginen, empezarán los terremotos en los campos económico, político y social.

 Por lo pronto la renuncia de Urzúa exhibe que “las fallas de San Andrés” son todo aquello por lo que dice luchar el presidente mexicano; la corrupción y la deshonestidad en el gabinete de López Obrador.

Y es que Urzúa dijo con toda claridad “los pecados”, pero se guardó el nombre de “los pecadores”.

¿Y cuáles son los pecados?

1.- Tomar decisiones en materia económica sin contar con toda la información suficiente y menos los datos correctos. Ese fue el caso del NAIM y en la misma circunstancia se encuentran los tres proyectos estrella del gobierno; Tren Maya, Aeropuerto de Santa Lucía y Refinería Dos Bocas. 

2.- No tomar decisiones alejadas de los extremismos de derecha e izquierda. En el caso que nos ocupa, los locuaces izquierdistas que soplan al oído del presidente, meten la mano en la política económica, sin tomar en cuenta las consecuencias.

3.- Imponer inexpertos de la materia hacendaria, mediante el feo recurso de los cuates y las cuotas, lo que supuestamente estaba superado en el gobierno de Obrador.

4.- Y, al final, la corrupción que significa todo lo anterior; tomar decisiones sin la información suficiente, privilegiar ideologías de probada ineficacia e imponer cuates y cuotas.

 Dicho de otro modo, resulta que la renuncia de Carlos Urzúa a la titularidad de Hacienda exhibe no sólo el fracaso del gobierno de López Obrador sino que confirma que ese gobierno incurre en todos aquellos errores que dice combatir, como las ocurrencias, la improvisación y la corrupción, por citar los más evidentes.

Sobre “los pecadores” el propio presidente Obrador dio algunas pistas en sus primeras respuestas luego de la renuncia de Urzúa. Sin embargo, todos sabemos, por experiencia, que no podemos creer nada de lo que diga el presidente.

¿Por qué?

Porque también todos sabemos que el presidente mexicano gusta de mentir, sin pudor alguno y porque está claro que dirá lo que sea necesario para tratar de minimizar los efectos negativos de la crisis que creó Carlos Urzúa con su renuncia.

Y es que la salida de Urzúa no solo impacta en la esfera específica de la secretaría de Hacienda –con todas las repercusiones que ello tiene en los mercados, en la confianza de las calificadoras y, especialmente, en la paridad peso dólar–, sino que trastoca todo el gobierno y todos los proyectos estelares de la administración de Obrador.

El problema mayor es que si Carlos Urzúa peleó con uñas y dientes para defender el manejo económico del país desde la secretaría del ramo, con el nuevo titular de Hacienda el presidente Obrador manejará personalmente los hilos de la política económica.

Y con un secretario de Hacienda muerto de miedo, como Arturo Herrera y un presidente Obrador ignorante y analfabeta de los básicos de la economía, los terremotos que provocarán las fallas, los errores y la ignorancia de “San Andrés” serán devastadores.

Y sí, ya es tiempo de pensar en la renuncia de San Andrés, antes de que sus fallas provoquen terremotos como los ocurridos en los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo, quienes dejaron el país en ruinas.

Se los dije.

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