El Partido Revolucionario Institucional (PRI) nació para la organización, distribución y reparto del poder establecido a partir de la Revolución Mexicana y de sus ideales. Lo demás fue discurso que legitimó a la clase gobernante.

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Los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática y el Movimiento de Regeneración Nacional, surgieron como oposición al Revolucionario Institucional y a los sucesivos ejercicios de gobierno de éste.

Desde 1988, el Revolucionario Institucional inició un declive electoral y descredito político y social, ante los electores, que lo llevó a perder, en el 2000, la presidencia de la República. En ese entonces, las cruces sobre su tumba parecían multiplicarse, pero en el 2012, regresó al poder.

Las nuevas élites que apoyaron a Enrique Peña Nieto olvidaron el viejo discurso revolucionario e institucional y, por tanto, dejaron vacío el discurso ideológico del instituto político para recuperar al electorado. Además, alteraron la forma en que se determinaban los cargos de elección popular (la distribución del poder). Sumando la corrupción, prepotencia e insensibilidad de una buena parte del gabinete, perdieron a miles de dirigentes, militantes y simpatizantes y ganaron a pulso una nueva derrota electoral, en el 2018.

Las flores para su tumba se han vuelto a comprar ante los resultados del proceso electoral intermedio, en este 2021 y, sin embargo, la coyuntura construida le dan una oportunidad para mantenerse vivo, por lo menos hasta julio del 2024.

Es cierto, de las 11 gubernaturas que gobierna, hasta hoy, tendrá solamente 4 para el 2022, pero, en el caso de la Cámara de Diputados, de las 45 curules que tuvo en la LXIV Legislatura, ahora tendrá 70. Ahí, en el legislativo, tiene la posibilidad de recuperar el terreno perdido y no solamente por su agenda, sino porque será el eje de las negociaciones.

De acuerdo con las sumas y restas, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), necesitará a 56 o 57 de los diputados del PRI para lograr la mayoría calificada y aprobar las reformas constitucionales que pretende el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Es evidente que Acción Nacional no apoyará a Morena y el de la Revolución Democrática no puede ofrecer el apoyo.

Y si bien, noticias vienen y van en torno a que el Revolucionario Institucional mantendrá la Alianza con el de la Revolución Democrática y con Acción Nacional, el camino al 2024 puede indicarnos otro escenario.

De entrada, en el 2022, habrá seis gubernaturas en juego, tres de ellas esenciales por el número de votos y su importancia en la política nacional: Hidalgo, Oaxaca y Tamaulipas. Cómo irá el PRI a esas elecciones, ¿en alianza o sólo? ¿Esas elecciones impactarán en el trabajo en Cámara de Diputados?

¿El trabajo y negociaciones en la Cámara de Diputados será suficiente para que en el 2024 el PRI recupere terreno perdido? No. Al PRI le servirán para ser actor esencial en las negociaciones por mayorías, pero difícilmente su impacto territorial será alto.

La profunda crisis que tiene el PRI pasa por temas que van desde la reconfiguración ideológica hasta el método de elección de sus candidatos a cargos de elección popular. Y es este último punto el que se está jugando, en la sombra.

En los últimos quince días, “militantes” encabezados por Nallely Gutiérrez Gijón y José Murat, sitiaron las instalaciones del PRI nacional exigiendo la renuncia del presidente del instituto político, Alejandro Moreno Cárdenas. Desde hoy, la elección en Oaxaca está presente.

Y, al margen de la presión que Gutiérrez y Murat hagan para obtener candidaturas en la elección del estado del Sur de la República, es evidente que Alejandro Moreno Cárdenas tiene ante sí el principal reto de sobrevivencia para el PRI: cómo procesar la elección de candidatos.

Los resultados electorales del 2021 requerirían la renuncia de Alejandro Moreno Cárdenas, pero tampoco hay liderazgos que puedan reestructurar al edifico que se viene abajo en la avenida de los Insurgentes Norte.

Los hechos violentos de las pasadas semanas en la sede del PRI son ruido generado por José Murat para “conquistar” la candidatura en Oaxaca, pero también definen una de las encrucijadas del PRI: abrir las candidaturas a un juego limpio y transparente, de tal forma que dirigentes, militantes y simpatizantes tengan incentivos para permanecer en el tricolor. Y ahí, Alejandro Moreno Cárdenas ha demostrado que no tiene respuestas.