Nuestro país se encuentra en una serie de crisis que se actualizan, con datos e información trágica, día con día.

La espiral creciente de contagios y decesos por el coronavirus no tiene fin. La sociedad en general, el presidente y múltiples personajes de la vida política, social y de medios de comunicación, muestran la situación terrible e incontenible del avance y descontrol de la pandemia. El discurso gubernamental desea minimizar el impacto de la letalidad, apelando a un futuro esperanzador que no encuentra sustento en los datos duros, dice: pronto saldremos, va bajando la pandemia, hay camas, bajaremos a verde, iniciarán clases pronto, ya se aplanó la curva, se vacunarán a todos, en una semana, en un mes o en el próximo trimestre llegarán las vacunas, todo en buenos deseos o enfilado a la próxima jornada electoral.

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Los datos sobre la caída del PIB se mueven entre el ocho y el nueve por ciento, tanto los registros de organismos internacionales como nacionales; el cierre de empresas y el desempleo muestran las dificultades para los ciudadanos, la parálisis gubernamental aumenta también. Dependemos de las remesas, el endeudamiento, el esfuerzo por mantener tareas productivas privadas, y los apoyos a la base social gubernamental vía becas y no más.

La inseguridad sigue cabalgando en la pradera nacional, muertes, luchas por territorios, daños colaterales, decomisos de drogas, reacomodos institucionales, y los números negativos por la delincuencia no bajan ni paran.

Estas situaciones graves por la pandemia, la caída económica y la inseguridad, siguen dañando a la sociedad, el gobierno no logra salir del marasmo y poco a poco se asume que nada puede hacerse, que cada mexicano debe encontrar su propia salida, su sobrevivencia. La apuesta al respaldo del exterior, para atender las crisis por parte de Estados Unidos, Rusia o China es difícil por ahora.

Nadie quiere mirar al país como nave al garete o en el sálvese quien pueda, sin embargo los riesgos que hay no son poca cosa, por lo pronto hay que seguir en la batalla, evitar que el conflicto se acumule y estalle y continuar cuidándose con sana distancia, cubrebocas, lavado de manos, vitaminarse, comer bien y relajarse y avanzar en la nueva normalidad, con ánimo constructivo. Ahí vamos.