La geopolítica como ciencia de la acción estratégica de los tomadores de decisiones, en las últimas semanas nos ha estado demostrando, lo difícil del delicado arte de gobernar y que a su vez, su impacto mantenga el equilibrio sutil del escenario global, para mantener el statu quo hasta ahora prevaleciente.

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En ese sentido, la retirada de las tropas estadounidense y de la OTAN, han generado una serie de cuestionamientos referentes a sí esta alianza militar, mantiene la capacidad no sólo para hacer presencia global, sino también, de dar certidumbre frente a cualquier tipo de amenaza de las consideradas tradiciones y de las de nueva generación.  Por tal sentido, la OTAN durante esta semana ha llevado a cabo una serie de ejercicios de entrenamiento en el mar Báltico, como una forma de seguir haciendo uso de la capacidad de respuesta ante amenaza alguna.

De igual manera, el presidente francés Emmanuel Macron (quien fuera elegido en 2017 y el próximo año va por la reelección de su mandato), ha hecho una serie de consultas directas con las naciones ubicadas en las zonas de control, como lo es Iraq, en dónde se refrendo el apoyo de su nación y de toda la propia Unión Europea y porque no, de la OTAN misma, para evitar algún tipo de desequilibrio ocasionado por los sucesos en torno a Afganistán.

En este sentido, es interesante considerar este tipo de acciones de diplomacia y juego estratégico que ha ido girando, en las últimas semanas, para fortalecer el cordón de seguridad que se requiere para la contención de cualquier tipo de ataque o amenaza proveniente de territorio afgano, por ello, es importante los próximos movimientos que desde el QUAD (Diálogo Cuadrilateral de Seguridad EEUU, India, Australia y Japón) se lleven a cabo; y es precisamente una de las características con las que la administración del presidente Joseph R. Biden, ha estado tejiendo en la región, no solo es el relanzamiento de esta estructura de seguridad regional para la observación y factible control de las fuerzas de la República Popular de China (RPCH), sino también de establecer un animo renovado con aliados que son vitales para los intereses estadounidenses en Indo-Pacífico.

El QUAD viene a establecer un nuevo movimiento en el tablero mundial para darle oportunidad a los EEUU y a occidente, del sostenimiento de las líneas de acción con las que ha venido operando en las últimas décadas y más aún, tras la caída de la otrora Unión Soviética y extender su influencia e interés, por la competencia de los mercados y los recursos de la era de la digitalización.

En ese sentido, previo a la salida de la OTAN y de los EEUU de Afganistán, se había puesto en marcha una estrategia diplomático-militar a través de la India, para incorporar a nuevas naciones en el entorno de este mecanismo de seguridad regional,  como son: Pakistán y Uzbekistán, además del propio Afganistán, para ir cerrando el cerco entorno a la forma en la que la RPCH ha estado construyendo parte del llamado Sueño Chino, a partir del programa One Belt, One Road.

Meses atrás, el propio presidente Biden se había comprometido al envío de un billón de dosis de vacunas para el COVID-19 para la región Indo-Pacífico para el próximo año, como parte de las medidas con las que EEUU desea ir redefiniendo el delicado proceso en el que se encuentra la seguridad en un espacio territorial complejo y vital para su propia hegemonía, cuyo corredor va desde la costa de Israel hasta el mar de China.  En efecto, es un largo espacio de territorio en el que las costumbres, tradiciones, historia, religión, son de una muy compleja red de intereses, que en pleno siglo XXI, parecieran se hacen más difusos de entendimiento y de concretar acuerdos para los intereses de todos los ahí involucrados.

Ahora bien, si por un lado Francia busca establecer zonas de control en los espacios territoriales en dónde fue la metrópoli colonial de diversos pueblos y naciones, no es nada raro, las reuniones que desde el año de 2017 que ha venido sosteniendo el presidente Macrón con los dirigentes de la región autónoma del Kurdistán iraquí, para mantener un diálogo favorable con esta facción política, frente a la amenaza que representa ISIS y sus ramificaciones por toda la región, entre Irak y Afganistán.  Las piezas se mueven y los esfuerzos por dar certidumbre a un proyecto geopolítico liderado por EEUU y sus aliados se ha puesto en marcha, es decir, la propuesta de una política de seguridad  internacional con carácter multidimensional, es cada vez más clara, de cuáles son sus intenciones y como debe de ser llevada a cabo.

Si bien, estas son las acciones de occidente; desde Moscú, la operación que lleva a cabo el presidente Vladimir Putin, es la que los talibanes al tomar el control del territorio afgano, empiecen un verdadero proceso de institucionalización y pacificación, pues a partir de su éxito depende que las diversas variantes de ISIS que en esta nación están presentes, puedan ser controladas por el nuevo gobierno y por ende por las nuevas fuerzas armadas, para que no se van contaminadas naciones como Turkmenistán, Uzbekistán o Tayikistán, pues de resultar que se infiltre ISIS desde Afganistán sobre estos países, pone en riesgo la estabilidad de toda la región de Asia Central.

De ahí la factibilidad de una guerra civil, pues la experiencia de los talibanes al frente del gobierno años atrás, fue qué no lograron generar las condiciones de una vida institucional, más bien, se comportaron con un accionar tribal y pensando más en la estructura de un califato, que en un Estado moderno.

Es precisamente lo que Moscú  requiere de los talibanes, que ahora en el ejercicio del poder, asuman el reto de formar un gobierno e instituciones sólidas que coadyuven al mantenimiento de la paz en la región, pues de no ser así, la experiencia de la década de 1980, no servirá de mucho, pues se deberá de hacer una incursión militar y un cerco alrededor de Afganistán para que la región no sea desestabilizada.

EEUU, Francia y la Federación Rusa como jugadores se mueven, fintan, actúan, engañan, provocan, todo para dejar en claro como debe ser el nuevo orden mundial y como será jugado en el muy viejo y vetusto tablero mundial, la última jugada aún no se presenta de un partida inmortal, mientras tanto en Palacio Nacional, las veleidades se hacen presente sin definir un rumbo claro en el escenario internacional, que día a día se hace complejo, disruptivo y de altos compromisos a cumplir ¿será qué entienden en los pasillos del otrora palacio virreinal el papel de México en la disputa del orden global?