Han avanzado dos meses del presente año y comienza a delinearse, tanto la manera en la que se habrá de establecer la geopolítica global en los próximos años, pero también los elementos mediante los cuáles se definirá el derrotero internacional de los próximos años.  Al respecto se llevó a cabo, la reunión anual de la Conferencia de Seguridad de Múnich, en la que se definieron las características mediante las cuáles, las potencias occidentales establecerán las directivas de actuación para darle certidumbre al desarrollo de la región europea, pero también para América del Norte y el Mar de Japón.

Al respecto, destaca la intervención del presidente Joseph Biden, en la que no solo dejó en claro que el liderazgo mundial es posesión de su nación, sino también es una misión y un deber, el mantener firme su presencia global, para seguir definiendo el modelo de globalización que hasta ahora se ha establecido y que no permitirá fácilmente, que otra nación socave lo que por herencia histórica le corresponde, en ese sentido, para la Casa Blanca es muy importante que la OTAN tenga un firme planteamiento de lo que representa para la seguridad internacional y más aún, en un mundo post-pandemia, que no obstante que existe la amenaza de una tercera ola de contagios, la vacunación va avanzando en diversas partes del mundo, lo que buscara atenúe el impacto del virus y se recuperen las condiciones del desarrollo de la economía de mercado, liderada por EEUU y acompañado por sus socios europeos.

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De ahí, la importancia del papel que habrá de asumir la OTAN en este proceso de recuperación de las economías occidentales, frente a la amenaza que representa la República Popular de China (RP de China) y su aliado la Federación Rusa, a través del Consenso de Shanghái, ahora bien, si en la discursiva presidencial de los EEUU, está en llevar a cabo un modelo de política exterior a partir de la multilateralidad y de mejorar acuerdos comerciales con el gobierno de Beijing, lo que se puede considerar al respecto, es que los EEUU, necesitan tiempo para recomponer la ruta de confrontación que mantenía la administración del ex presidente Donald Trump, para suavizarla, pero sin perder la claridad del objetivo principal de los EEUU, ser la potencia global, todo el tiempo posible y por ende, empeñar todos sus esfuerzos y capacidades de su Poder Nacional para sostener tal propósito.

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Ahora bien, este retorno a una política al estilo de Barack Hussein Obama, en un mundo post pandémico, requiere, que los EEUU realicen un proceso de revisión de quienes son ante el mundo, es decir, en efecto son la potencia global, son los impulsores de las libertades políticas y globales, creadores del American Way of Life, mediante el cual está basada la propia globalización, pero también es cierto,  que estos momentos históricos requieren identificar, que tan bien está funcionando la maquinaria corporativa estadounidense, como también, toda su infraestructura de productividad y crítica, para llevar a cabo una estrategia adecuada de confrontación frente a su adversario chino, por lo que se estará llevando a cabo todo una reconfiguración de su propio modelo productivo, de creación de ideas, de alianzas, de cooperación internacional y tal vez lo más delicado, sumar en su entorno las voluntades de las principales naciones democráticas y liberales del mundo.

La apuesta es de gran interés, pues de concretarla, la herencia que deje la administración Biden será no solo la de relanzar a los EEUU y obstaculizar el avance de la RP de China, sino también de impulsar una especie de New Deal, comparando esta situación con la que vivió esta nación en la era del presidente Franklin Delano Roosevelt, que prepara a los EEUU para el liderazgo mundial y para enfrentar los riesgos del entorno mundial.  De ahí un tanto la preocupación de diversos especialistas geopolíticos europeos, de que EEUU los están abandonando en su necesidad por enfrentar a la RP en el propio escenario indo-asiático, pero lo cierto, es que, tras el mensaje dado a conocer por el presidente Biden en la Conferencia de Múnich, para relanzar a la OTAN, es un mensaje de unidad hacia sus socios europeos, de que la OTAN sigue siendo el principal mecanismo de defensa global y que ante la amenaza del Consenso de Shanghái, es prioritario la unidad de las potencias occidentales.

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Es tal vez, una de la últimas llamadas de atención que se tengan para reconfigurar el mapa geopolítico para que los próximos años sigan siendo de un dominio del pensamiento y la actuación occidental, de ahí también, la importancia que le está imprimiendo la administración Biden a retornar al Acuerdo de París, que sin duda obligara a socios y aliados de los EEUU, a establecer políticas que fortalezcan los debidos cambios en la manera de proteger el ecosistema global, pero también, en el tipo de energías que se utilizan para el desarrollo de cada nación y más aún, la propia necesidad de que la iniciativa privada trabaje de la mano de los gobiernos nacionales para ofrecer las mejores alternativas de desarrollo y que alienten el propio dinamismo de la globalización.

Las pláticas que ha sostenido el presidente Biden con su homólogo canadiense, Justin Trudeau, son una muestra de lo que para EEUU, simboliza la necesidad de un cambio fundamental para la seguridad ambiental, energética y comercial, que requiere el mundo de nuestros días y al mismo tiempo, no se debe dejar de lado lo importante que ha sido la alocución que ha tenido el Secretario de Defensa estadounidense Lloyd Austin, de que el Estado Mexicano, sea parte activa de la OTAN y es que, sí los EEUU van por sostener su liderazgo global, necesitara de cada uno de sus aliados globales pero también, de sus socios comerciales, en una lucha futura que redefinirá el escenario geopolítico, quizás, del resto del siglo XXI y que en esa idea, México cómo socio comercial debe de asumir una posición clara, no dubitativa, sino de total definición ante su principal socio comercial.

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El tiempo es inexorable y se agota para tomar definiciones, asumir riesgos y comprometerse con un mejor futuro y más aún, cuándo los datos que arroja el mundo financiero son duros para nuestra nación, con la salida del principal banco estadounidense JP Morgan para operaciones de banca privada dejando su cartera a BBV Bancomer y las estimaciones del Banco Mundial que la recuperación económica de México será hasta el 2025.  Movimientos geopolíticos sutiles y enérgicos, el 2021 apenas comienza y nos habrá de dar mas sorpresas geopolíticas.