El año 2021, tiene consigo una carga emocional impresionante, pues los efectos que ha dejado el año 2020 alrededor del mundo, son de mucha reflexión y análisis, no sólo por la pandemia de COVID 19, sino también que a causa de esta, se suscito todo un quebrantamiento del proceso globalizador en los primeros meses de enfrentar la emergencia sanitaria, el cierre abrupto de las economías nacionales, originó la caída como nunca, de los precios del petróleo para ubicarlos en cero dólares, las cadenas de suministro prácticamente se pararon para sólo quedar lo esencial y necesario para afrontar los miles de contagios que en cada continente se estaban suscitando.

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Sin embargo, el comercio electrónico se vio fortalecido y compañías como Amazon, Ebay, Alibaba, DHl, UPS o FEDEX, se vieron enormemente beneficiadas por las necesidades de obtención de diversos productos por parte de todas aquellas personas y familias que asumieron la obligación de mantenerse el mayor tiempo posible aislados, pero de igual manera, empresas de telecomunicaciones como AT&T, Movistar o Grupo Carso se convirtieron en una pieza fundamental para mantener la conectividad en todos los ordenes de las necesidades de los Estados y sobre todo, en lo referente a la seguridad y defensa nacionales.

Ahora bien, las plataformas de entretenimiento como Netflix, Amazon Prime, Starz, Apple Tv, Disney plus, entre otras, permitieron la distracción, ante el cúmulo de noticias que en televisión (abierta y cerrada) cómo en las redes sociales, se estaban difundiendo de lo letal que es el virus que llegó desde la RP de China para todo el mundo. Pero también, empresas y plataformas como, Google, Zoom, Facebook, WhatsApp, han sido estratégicas para diversas actividades políticas, económicas, sociales y educativas, a fin de promover una forma alterna de convivencia y buscar con ello, darle soporte a la vida con la cuál estamos acostumbrados como sociedad en pleno siglo XXI.

La pandemia, nos ha dado duras lecciones a cada persona, cada familia y nación, sin embargo como se puede observar, la resiliencia ha sido el mayor de las capacidades que han demostrado sociedades y naciones para ir enfrentado la adversidad mes tras mes a lo largo del 2020, dicha resiliencia ha permitido que ya se cuenten con una diversidad de vacunas que dan la esperanza que la pandemia comience su fin, pese a que haya surgido una nueva cepa del COVID 19 en Gran Bretaña que es más contagiosa y que sigue poniendo a prueba la capacidad de los gobiernos para enfrentar si difusión. El aislamiento forzoso, el distanciamiento social, la higiene personal y constante, además  del uso de cubrebocas, hoy siguen siendo los principales medios técnicos para abatir contagios y muertes tal como en siglos pasados fueron elementos para enfrentar epidemias y pandemias,.

La ciencia cómo nunca, nos está demostrando que es parte de las tácticas geopolíticas pues hoy por hoy, las empresas como Pfizer, Moderna, AstraZeneca, Biontech o Sinopharm, son ya parte fundamental del delicado juego geoestratégico, a través del empoderamiento de las ciencias sanitarias y químico-biológicas, que serán necesarias para afrontar los retos de salud que vendrán a lo largo del siglo XXI, a causa de qué el cambio climático tiene un efecto en el propio comportamiento de los virus y bacterias, al volverse cada vez más resistentes a los fármacos tradicionales, de ahí la importancia de seguir fortaleciendo la investigación científica en estas ramas del conocimiento humano.

La velocidad con la que la pandemia se propagó, es a causa de los propios dinamismos de conectividad que tiene este siglo XXI, del hacinamiento de millones de personas en pocos kilómetros cuadrados, la sociedad de este siglo es eminentemente urbana y completamente dependiente de todos los insumos para su sobrevivencia, desde los alimentos, agua, energía eléctrica, etc; no son necesariamente producidos en las ciudades y metrópolis, son desde ahí organizados y vendidos, pero el ser humano se ha vuelto altamente dependiente de lo que está fuera de su entorno inmediato, por ello, algunos geopolíticos radicales, han insinuado la necesidad de pasar a una etapa de regresar a la provincia, al semi-autoconsumo, tal afirmación es muy compleja, pues pensemos en caso como: Hong Kong, Singapur, Mónaco, Andorra, Liechtenstein, Uruguay cuya capacidad territorial no daría para llevar cabo tal proyecto de reubicación de población que además causaría grandes daños a las sociedades, gobiernos, instituciones y estructuras democráticas.

La pandemia ha dejado duras lecciones de vida, de gobernabilidad, de seguridad y defensa nacional, pero, ante todo, del sentido de la propia existencia humana que puede ser tan efímera ante el contagio letal del virus que llego para quedarse y del cuál deberemos seguir aprendiendo de su comportamiento de su desplazamiento, de su transformación y de su vinculación con otras enfermedades crónicas del ser humano.

Desde la Resiliencia y la geopolítica el 2021 es él de la esperanza, pensando  qué de acuerdo al calendario Chino es el año del búfalo el de la fuerza y vigor, pero no sólo también simboliza esfuerzos renovados, es el de mejorar nuestra relación con el medio ambiente, incrementar la investigación en tecnologías limpias, acelerar los procesos para que los objetivos del Milenio se cumplan en menos tiempo de lo proyectado, hacer más eficaz el Acuerdo de París para eliminar de forma más rápida las energías basadas en combustibles fósiles, y asimismo, es darle más respeto a los océanos, mares, ríos, lagunas, esteros, etc., para limpiar el gran espacio acuático con el que contamos y que ya es parte importante de la sobrevivencia del ser humano.

Ahora bien, los sucesos recientes que acontecieron el pasado 6 de enero, son un claro ejemplo de lo delicado de la existencia humana a razón de los efectos de una pandemia, que radicalizó posiciones políticas y exaltó los nacionalismos nunca antes visto en los EEUU y ante todo en la más importante democracia del mundo, la toma de Capitolio por parte de los seguidores más extremistas del presidente Trump, hace recordar los acontecimientos de principios del siglo XIX cuando los británicos tomaron la ciudad de Washington el 24 de agosto de 1814.

Tales eventos requieren que el año que está comenzado, se realice un gran esfuerzo por ratificar el valor que encarna la democracia ante el populismo que actualmente está dañando a sociedades y naciones, pues de no hacerlo, haría temblar las delicadas estructuras de la seguridad internacional.

Asimismo, naciones como México, están obligadas a tener una delicada y eficaz política de reajustarse a los procesos de la globalización que ya están comenzando a causa de las acciones de la pandemia, está obligado a promover políticas de Estado que fortalezcan al sector científico y tecnológico, no solo para ser autosuficientes, sino también para ser competitivos en los próximos años y décadas.

El año 2021 es el de la resiliencia, el del vigor y la fortaleza, es de la esperanza de una nueva oportunidad de renovar a las naciones y a sus sociedades, a través del progreso y la unidad nacional. ¡Feliz comienzo de año 2021, todo lo mejor para el Diario Contrapreso, sus directivos y equipo de colaboradores, así como a cada uno de sus amables lectores¡¡