“La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.”

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— Immanuel Kant

 

¿La felicidad de los mexicanos es una opción como indicador en las políticas de gobierno ante la realidad económica?, por lo menos es el modelo que el presidente Andrés Manuel López Obrador, propone calcular a la par del Producto Interno Bruto (PIB), en un escenario en donde según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) este valor monetario cayó 1.4% en el primer trimestre del presente año.

Durante una de sus conferencias matutinas el mandatario destacó la importancia de evaluar a la felicidad como en Nueva Zelanda, porque leyó que ese país: “va a cambiar los parámetros y que quiere hacer a un lado lo del famoso PIB para medir y que van a agregar al crecimiento económico, material, el bienestar, incluso la felicidad de la gente, la felicidad del pueblo”.

El proyecto que el mandatario pretende implementar es un paradigma interesante aunque subjetivo, toda vez que las condiciones económicas en Nueva Zelanda son incomparables. La revista “Expansión” en una publicación mencionó que en 2019 el PIB per cápita fue de 37.481€ euros, es decir, la población tiene excelente nivel de vida en relación a los 196 países del ranking.

Ahora bien, ¿Cómo entendemos la felicidad? Alex Rovira y Francesc Miralles, en el libro “Alegría”, destacan: “Cada cual es feliz a su manera. Se trata de un estado del alma que requiere ser pensado, y ahí reside el problema. La felicidad se desvanece cuando tratamos de apresarla”.

En este orden de ideas, la periodista Katia Hetter, de CNN en español refiere que en la actualidad la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce a Finlandia como el país más feliz, seguido de Nueva Zelanda… en el último lugar (156) Sudán del Sur. México (en el lugar 23) por debajo de los Emiratos Árabes y Malta, por encima de Francia y Taiwán.

La Asamblea General de la ONU decretó en la resolución 66/281 de 2012, el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad, para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos. Asimismo, reconoce la “necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos”.

Como parte de este programa en el año 2016, Chile obtuvo el premio a la excelencia por parte del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), gracias a al Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) 2012 “Bienestar subjetivo: los desafíos del replanteamiento del desarrollo”, que contribuyó a concentrar el interés de la política pública en temas que realmente importan a la sociedad.

En el contexto nacional a pesar de promover cambios de fondo en la política social y en materia económica. ¿Existe la viabilidad para reformular indicativos de bienestar a partir de la felicidad? No se trata de una ocurrencia del Ejecutivo como se podría pensar, tal vez es un recurso para lograr la aceptación ciudadana o para “justificar” una realidad adversa porque las variables económicas van en descenso.

Es probable que la felicidad y el bienestar se encuentren ligados a niveles de tranquilidad emocional, espiritual, social, económica, de seguridad y libertad para proporcionar certidumbre entre la sociedad, Sin embargo, nadie pagará facturas con monedas de felicidad, ni percibirá ingresos con billetes de alegría como parte del desequilibrio y polarización que atraviesa el país.

Podemos concluir que la medición de la felicidad no es un tema nuevo aunque bajo un argumento económico es pretenciosa. Será contradictorio utilizar la medición de felicidad como “distractor” para ocultar datos de la realidad mexicana, inclusive el crecimiento financiero que en estos momentos de complicados escenarios a nivel nacional e internacional. Lo único que queda es fluir y sonreír con el sutil esbozo que inicia en la comisura de los labios que también hoy se pretende… politizar. ¿Feliz?

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