La cultura política mexicana es plural, en cada tema de análisis, reflexión o debate, respecto a temas relacionados con la política, existen múltiples posiciones, algunas enfrentadas, que responden a filias y fobias de los ciudadanos,de manera individual u organizada en grupos sociales, organizaciones o partidos políticos.

Si bien la política nacional y local es como es, corresponde a cómo la hemos hecho los ciudadanos al permitir que los sujetos del poder, actúen sobre y con las necesidades, intereses o deseos, de los individuos y de sus posiciones en las relaciones sociales de poder.

-Publicidad-

Desde luego que la verdad y la objetividad se ubican dentro de la reflexión política como elementos distintivos, frente a las muchas ocasiones en que la mentira viste a los sujetos de poder y, también en ocasiones la realidad los desnuda. Ocurre también que las palabras capturan las mentiras que esconde una persona y la exhiben tal cual es cuando menos lo espera.

Las circunstancias son cómplices de la revelación de estos hechos, no tan claros en la vida política.

Hemos sido observadores de una política que emplea el lenguaje con la pretensión cotidiana de comunicar, para informar y, también para confundir, distorsionar hechos y mentir, para descalificar a los sujetos sin tener evidencia o prueba alguna.

Es la lucha por el poder, por imponer narrativas, que estigmaticen, que polaricen y confronten a la sociedad y al gobierno en sus tres niveles.

Continúa el discurso del odio que no encuentra más limite que la perversa imaginación de quienes abusan del uso de los medios de comunicación y de las redes sociales para llevar agua a su molino.

La verdad, las evidencias, los datos duros, la argumentación con pruebas, han sido sepultadas ante un formato al estilo Goebbels, en donde la repetición de mentiras pretende establecer verdades, la mayor perversión política está en que la posible persistencia se confunde con la necedad.

Los beneficios en la narrativa del poder se conjugan correlativamente con el impacto en los costos que tiene que pagar la sociedad. Que se ejemplifican en las crisis actuales de salud, seguridad, económicas, de servicios, de contagios por COVID-19, y de muertes que pudieron ser evitadas por malas decisiones gubernamentales.

Solo para y no siempre este formato repetitivo, la fuerza del poder hegemónico de EU o de una narco delincuencia que avance en el control de plazas territoriales.

Cuando se desfigure esta narrativa, el castillo de naipes caerá junto con la percepción de empatía de los ciudadanos, que aún creen en la esperanza de un mejor porvenir de bienestar.

Esperemos que la caída no sea tan grave que arrase con lo qué hay de instituciones todavía.