En el debate político, en México, parece que todos los argumentos tienen el propósito de vencer al o a los contrarios; en el debate público democrático, se trataría de escuchar los argumentos de los otros y conciliar la mejor opción.

Las redes sociales están llenas de debates donde las parcialidades no están dispuestas a escuchar/leer al contrario; inundadas de aplaudidores y ofensores en cada bando, cada una omite los argumentos precisos y técnicos, apuesta a los morales y éticos, para “ganar al contrario” y recibir aplausos. Más aún: cada una se siente respaldada por el pueblo, la sociedad, los grupos que la escuchan y siguen. El resultado: una agenda pública de discusión lejana a la realidad que viven muchas personas en México y, por lo tanto, incapaz de tener resultados concretos.

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“Para el intelectual, la Nueva Fe es como una vela en torno de la cual gira como una mariposa. Y en cuya llama termina por arrojarse para gloria de la humanidad”, escribió Czeslaw Milozs en El pensamiento cautivo (1954). La Nueva Fe parece ser la Cuarta Transformación y las redes sociales su vehículo primario, por eso, a ellas apela una parte de quienes buscan debatir lo público. Las calles dicen y hablan otras cosas.

Esa Nueva Fe, puede entenderse como el camino que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, construyó (construye) en el imaginario de sus feligreses y, por supuesto, en el de sus detractores. No hay nada en este país, políticamente hablando, que no gire en la órbita o alrededor de la atracción presidencial. La Nueva Fe es la Cuarta Transformación.

La construcción de un Congreso de la Unión más sólido, la reforma y reconstrucción de los partidos políticos, el fortalecimiento de la sociedad civil, el replanteamiento de instituciones que no han logrado sus objetivos, la tarea de afirmar a los municipios, el inalcanzable federalismo, la construcción de un sistema de salud fuerte, no son tema de la agenda.

La agenda parte de la confrontación a donde nos ha llevado Andrés Manuel López Obrador, la que él plantea, y a la que ha sido arrastrada una parte de la oposición institucional.

La estridencia del Movimiento de Regeneración Nacional, sus pocos intelectuales y los que buscan encontrar un lugar en ese beatífico pesebre, compite con la que una buena parte de la oposición genera para responder al presidencialismo. Casi todo es estridencia.

¿No nos hemos dado cuenta que juntos estamos fortaleciendo a la figura presidencial?

Un ejemplo claro es el debate sobre la Revocación del Mandato. A una persona que no haya mirado éste, desde las dos posiciones, le resultará incomprensible el porqué de la discusión. Pero, ¿Interesa a las personas? ¿De verdad están preocupadas por una u otra posición?

¿Puede construirse una posición intermedia entre los proponentes al ejercicio de Revocación del Mandato y el Instituto Nacional Electoral (INE)? Sí, la hay y la han expresado diversos especialistas como Luis Carlos Ugalde. Solamente que conciliar no interesa, por ahora; interesa “vencer” al contrario.

La Nueva Fe que mira al país a través de las redes sociales y sus nuevos feligreses, que son por miles, no ha descubierto que el eco de sus palabras les regresa aplausos, pero que esos aplausos solamente se escuchan entre el círculo de devotos a los que les dicen lo que quieren oír. Esto, en el mejor de los casos y en las dos posiciones.

El año de 2022 va a estar cargado de mayor confrontación, pese a que desde el gobierno federal se abrió una puerta de diálogo y parece que una parte de la oposición está interesada en ello.

La confrontación seguirá por que las líneas de los debates que tenemos y que hemos estructurado hacia allá nos llevan.

No hay posiciones medias; no hay posiciones que señalen la terquedad y opacidad de algunos consejeros del INE y que, también, advierta la ofensiva estratégica que el presidente de la República tiene ante la institución. No era muy errado advertir lo que éste haría al ganar la presidencia de la República, el supuesto historial de agravios que le han hecho hacía evidente esa ofensiva. ¿Por qué no lo previó la oposición y los mismos consejeros del INE? ¿O eso querían?

La estridencia del debate público, especialmente en las redes sociales, está construyendo una narrativa que nos llevó a esta confrontación y que el otro espectro, los que no usan esas redes o no están en los círculos, no entiende. Así como hace muchas décadas se hablaba de medios de comunicación que se comunicaban entre ellos y no a las personas; ahora es igual, los grupos políticos se hablan entre ellos y no a las personas que tienen en el voto el instrumento para cambiar las cosas.

El Movimiento de Regeneración Nacional, y su irresponsable conductor (?), Mario Delgado, ha fortalecido la primera estrategia del líder supremo: la polarización. ¿Ahora viene el tiempo de los acuerdos y los abrazos? No está mal la idea y ya parece que caminan hacia allá con un Secretario de gobernación, Adán Augusto López, que está haciendo la tarea.

Y mientras, la confrontación está presente para los interesados en la cosa pública. Ya dejaron este basurero y ¿seremos los ciudadanos quienes tengamos que arreglarlo? Ya se confrontaron, ¿ahora habrá abrazo de cuates? Dónde quedarán los más de 108 mil muertos por una estrategia de seguridad fallida, dónde los más de 350 mil decesos por el desafortunado tratamiento de la pandemia por el Covid-19.

Quedarán en la impunidad que Enrique Peña Nieto y ex funcionarios tienen y que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador ha cubierto.

Hace quince años parecía que nuevas generaciones fortalecerían a la democracia y al diálogo como método para resolver los conflictos en este país. Lo que hemos conseguido en estos últimos tres es lo contrario y también, hemos logrado que estas generaciones de nuevos políticos dependan más de la Nueva Fe en las redes sociales y de poco en la voz de la calle.

No es menos el trabajo que queda hacer para replantear la agenda nacional, desde las y los ciudadanos, y volver a aprender a pensar lo político en el campo de la democracia.