No es novedad que la nueva administración pretende consultar y “promulgar” una constitución moral.

Tampoco es novedad que dicho proyecto atentaría contra los básicos del Estado laico, sería una grosera invasión a la intimidad de los mexicanos, y una abierta invitación a suprimir la diversidad de estilos de vida que existe en el país.

Lo que sería novedoso es conocer la moral que llegaría a la mentada constitución.

Y es que mientras la ley es una y lo legal es todo lo que se deriva de esa ley, la moral es personalísima.

Es decir, que lo ilegal en Baja California es ilegal en Campeche, del mismo modo en que lo legal en Yucatán es legal en Sinaloa. No obstante, lo que resulta moralmente aceptable para el autor de estas líneas puede no serlo para quien las lee, y es que la frontera de lo moral es mucho más tenue que la de lo legal e incluso que la de lo ético.

Por ello, vale la pena insistir, ¿qué moral se escribirá en el papel y la tinta de esta constitución?

¿Será, acaso, la moral de Verónica Velasco, de José Agustín Ortiz Pinchetti, y de Enrique Galván Ochoa; la claque de puros que señaló el dedo divino para coordinar el proyecto?

¿Qué credenciales tiene, por ejemplo, la señora Verónica Velasco para definir la moral de un país? ¿Aplicará la misma moral que rige en la empresa de su marido, Epigmenio Ibarra, quien ha glorificado la figura del narcotraficante hasta convertirlo en un modelo aspiracional para niños y jóvenes?

¿Qué distingue a Enrique Galván Ochoa para separar lo bueno de lo malo en la constitución moral? ¿Usará la misma lógica que en sus numerosos textos de opinión publicados en el periódico La Jornada? En más de una ocasión, los colegas de Galván lo exhibieron públicamente por faltas a los principios básicos del oficio, ¿y será él quien dicte la moral de una nación?

¿Qué faculta a José Agustín Pinchetti para elegir los valores y principios que acotarán la convivencia de los mexicanos? ¿utilizará el mismo juicio que cuando sirvió de tapadera para la expropiación ilegal del predio “El Encino” a mediados del año 2000?

¿Qué dignifica a un individuo para separar lo moral de lo inmoral? ¿qué diferencia existe entre estos personajes y los líderes religiosos cuya función de facto es normal la convivencia y la intimidad de sus adeptos? ¿qué diferencia habría entre esta constitución moral y los textos sagrados del credo que se quiera?

En los hechos, cualquier intento por normar la moral sería una invasión al área de influencia de los líderes religiosos. Por eso mienten el presidente electo y mienten sus subordinados cuando aseguran que su proyecto es laico y que nada tiene que ver con lo personal o la intimidad. Por donde se mire, la moral es un asunto personal e íntimo; asunto que no compete al Estado.

¿Qué garantías tiene el mexicano de a pie que esta constitución moral no se convertirá en un instrumento para perseguir a todo el que no comulgue con la doctrina que pregona el futuro mandatario?

¿Quién nos dice que la “moral mexicana” no quedará en manos de extremistas religiosos como los que se aglomeraron en el extinto Partido Encuentro Social y que apoyaron abiertamente a Andrés Manuel López Obrador?

¿Quién asegura que la pluma que escriba la Constitución no estará en las manos de quienes promueven movimientos fascistoides y nada incluyentes como la marcha por la familia o las expresiones antiaborto?

¿Quién se dedicará a velar por los intereses de las numerosas minorías que serían vulneradas y exhibidas en un contexto de moral única?

¿Cuál sería el castigo para alguien que no salude en el elevador o que eructe en la mesa? ¿cuál la pena para quien no se faje la camisa o quien no done un porcentaje del sueldo a su iglesia?

Por donde se mire, estamos ante un proyecto sin pies ni cabeza.

Dicen los responsables que el ejercicio será incluyente y representativo, que por eso se invitó a los mexicanos a enviar sus propuestas, ¿no será que la constitución terminará igual que su malograda simulación de consulta popular?

Dicen que la constitución se basaría en valores democráticos, laicos y republicanos, ¿no existe para eso la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos?

Dicen que este proyecto buscará “rescatar valores entrañables de nuestro pueblo y estimular mejores patrones de conducta”, ¿quién decide cuáles son los valores entrañables y cuál una mejor conducta? ¿es posible encontrar a 10 personas con la misma jerarquía de principios y valores? ¿será posible homologar la moral de más de 120 millones de mexicanos?

Podrán decir misa, pero la existencia de un documento “oficial”, palomeado por el gobierno federal, que pretenda inmiscuirse en asuntos morales es inadecuado, ilegal, e inconstitucional. ¿Se quedará el resto del Estado mexicano de brazos cruzados mientras un puñado de ignorantes pretenden resquebrajar las bases de nuestro entramado institucional?

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