El tiempo político tiene alcances y límites que muestran las posibilidades de riesgo y amenaza que existen en las construcciones mentales, sus impactos en la vida cotidiana y las fórmulas que se utilizan para pretender justificar lo injustificable.

Hay una especie de contrasentidos entre la forma en que se justifican o motivan determinadas acciones, que obligan a repensar las acciones de gobierno o las respuestas de la sociedad.

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Dice la voz popular que no se es monedita de oro para caerles bien a todos. No solo es el valor pecuniario o la moneda de cambio que se acepta, sino las filias y fobias que surgen del hecho que se valora, la narrativa que le acompaña y ese contraste que surge ante la presentación frente a la realidad.
Lo mismo en las cancelaciones del horario de verano, que en las obras de gobierno, o en pretender desmantelar la estatua de la libertad de Nueva York o en negarse a reconocer el hecho de una invasión y guerra llevada a cabo por Rusia en contra de Ucrania o la pretensión de querer imponer invitados a la Cumbre de las Américas o pretender defender supuesta libertad de expresión cuando hay delitos evidentes que atentan la seguridad de una
Nación, o intercambiar abrazos por balazos aunque inocentes sean víctimas cotidianas de la delincuencia o pretender encubrir abusos del derecho de quien debiera ser el baluarte de la aplicación de la ley o modificar corruptelas parentales o de funcionarios cercanos pretendiendo cambiarle nombre a los delitos cometidos o modificar la opinión, manipulándola a favor, de la solicitud de justicia y cambio de estratagema de seguridad de la comunidad jesuita y del país o endilgar epítetos indignantes a un miembro de la comunidad judía, o inaugurar obras inconclusas que queden asi por falta de Planeación y no sean de utilidad social, en fin los hechos se acumulan cada vez más, hasta que sea imposible tapar el sol con un dedo.
Esa monedita de oro se vuelve contraproducente en acciones que tendrán vigencia en la representación política.
Hoy día ocurren bloqueos carreteros y de calles en muchos lugares del país, porque no se cumplen compromisos de la autoridad, porque no hay servicios públicos, tan necesarios como el agua o la electricidad, porque hay intereses de grupos que desean afectar las actividades productivas o buscan lucrar con demandas sociales o bien, como recientemente ha ocurrido, porque se detiene a delincuentes que montan operativos para que sean liberados; ya tuvimos el obsceno caso de Ovidio, o de ciudades fronterizas controladas por narco delincuentes o como Acapulco que han sido copadas en sus accesos o salidas, por secuestros de mujeres o porque algunos delincuentes son detenidos por la guardia nacional o las fuerzas armadas, y utilizan como escudos a mujeres y niños. Recientemente, en la carretera de Ciudad Victoria, Tamaulipas a Monterrey, Nuevo León, hombres armados bloquearon y robaron vehículos pesados Y otros que fueron quemados para impedir el libre tránsito, ¿qué pedían? la libertad del capturado Octavio Leal Moncada, líder de la Columna Armada Pedro J. Méndez, quien indujo en la reciente elección pasada para gobernador en Tamaulipas, y obligó a campesinos a votar por Morena aprovechando incluso los programas de 4T que controlan.
El ejemplo cunde. Un discurso del odio, que divide, polariza y confronta, que violenta el Estado de Derecho y surge del púlpito presidencial mañanero, se reproduce con gran rapidez y empoderamiento a la delincuencia.
Es tiempo de reconciliación, hasta por interés particular de la autoridad/gobierno ante un proceso sucesorio que se antoja complejo.
Es tiempo de recoger varas y no seguir tirando cohetes al aire, que alteran la tranquilidad política y social. Es tiempo de mirar realmente los intereses de la sociedad, de la nación y dejar discursos de odio, prácticas de abuso del derecho y del poder y avanzar en la solución de las crisis que tenemos, de salud, inseguridad, económica, social que conduce a la ingobernabilidad. Esperemos que, como decía el poeta, la sangre no llegue al río y que, el gobernante, aún no siendo monedita de oro que les caiga bien a todos, actúe con la prudencia requerida para que el país no se deshaga en sus manos.