Una vez expulsado de Palacio, el otrora poderoso Julio Scherer Ibarra decidió dar su versión sobre la podredumbre que consume al gobierno de López Obrador.

“Es hora de hablar”, dice el ex consejero jurídico de Palacio en un extenso testimonio escrito que aparece en portada del semanario Proceso, número 2368, y que éste domingo sólo ameritó primera plana en los diarios Reforma, El Universal y El Sol de México.

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Detalles del presunto proceder mafioso de la ex secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero y del Fiscal General, Alejandro Gertz Manero, a quienes señala como artífices de extorsión no sólo en su caso sino en la persecución judicial de Juan Collado, de los directivos del Club de Fútbol Cruz Azul, de la pareja Gómez Mont y Álvarez Puga y otros.

Sin duda una revelación “espectacular” –por el maniqueísmo de la misma–, que suma descrédito al gobierno de López Obrador; una gestión que se pudre por donde se le toque y que debiera someter a la Ley a los pillos Sánchez Cordero y Gertz Manero .    

Sin embargo, lo cierto es que antes, durante y después de la llegada de López Obrador al poder –el 1 de diciembre de 2018–, muy pocos ciudadanos medianamente informados dudaban de que se había instalado en Palacio un verdadero “poder mafioso”, encabezado por el propio presidente, al que hoy Scherer insiste en elogiar y a quien jura “lealtad”.

Lo increíble del asunto es que el hijo del fundador del semanario Proceso haya tardado casi medio sexenio para darse cuenta “que se había metido a la jaula de las fieras” y que tales bestias lo perseguían para “quitarlo del camino”.

¿De verdad, Julio Scherer Ibarra no sabía quién era López Obrador?

¿De verdad aún cree que se trata de un político honesto y digno de la más mínima confianza y credibilidad?

¿De verdad “Julito” –como lo motejaban en Proceso en tiempos de su padre al frente de la revista–, no sabía quien era ese criminal confeso motejado como Fiscal General?

¿No sabía Scherer que la también senadora Sánchez Cordero ha sido capaz de las peores inmoralidades y violaciones constitucionales para saciar su infinita sed de poder y de dinero?

¿No se enteró Scherer Ibarra que López Obrador eligió a Olga y a Alejandro, precisamente porque son igual de mafiosos que el presidente?

Lo cierto es que el maniqueísmo del testimonio personal de Julio Scherer Ibarra ensucia una acusación que, a querer o no, también salpica al propio ex consejero jurídico.

Y es que Julio Scherer Ibarra podrá decir misa, pero muchos en el gremio periodístico saben –y otros tantos lo han documentado–, que el hijo del fundador de Proceso es un aprendiz político que brilla por su ambición de dinero sin freno.

Y debido a esas ambiciones económicas sin freno se vinculó al “Gordo” Pesqueira, al ex candidato presidencial Francisco Labastida y luego al inmoral y criminal López Obrador, entre muchos otros a los que sólo vio como un signo de pesos.

En efecto, hoy todo el mundo sabe que desde el 1 de diciembre se instaló en Palacio la nueva versión de “La Mafia del Poder”.

Lo que no dice Julio Scherer es que él mismo formó parte de esa “Mafia del Poder” que encabeza López Obrador; un inmoral del poder y la política capaz de usar y tirar a quienes le sirvieron y luego le estorban.

Sí, igual que ocurrió con el ambicioso sin límite llamado German Martínez –hoy espantado de la barbarie que es el gobierno de AMLO–, Julio Scherer Ibarra fue echado de Palacio luego que sirvió para limpiar los excrementos del “amado líder”.

Y hoy Julio y Germán pueden lloriquear; se pueden quejar y gritar a los cuatro vientos sus chabacanas versiones; incluso pueden tener razón al señalar la perversidad de la nueva “mafia del poder” que anida en Palacio, pero también es cierto que para la historia son parte del poder mafioso que destruye y que acabará por arruinar al país.

Por lo demás, a nadie sorprenden las raterías de Olga Sánchez Cordero y de Alejandro Gertz Manero, a quienes tarde o temprano —más temprano que tarde–, el “amado líder” también colocará en el bote de los excrementos de su Palacio.

Se los dije.