En el lenguaje de la rentable industria de la basura y los desperdicios existe una clasificación de lo que puede ser reciclado, lo que aún se vende como usado y, en el extremo, lo que no da más que para venderse por kilo.

Para nadie es nuevo, por ejemplo, escuchar en las colonias de clase media y alta la voz aniñada que sale de un megáfono y que pregona la compra de refrigeradores, microondas, licuadoras… y “¡fierro viejo que veeendan!”.

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Se trata de los desperdicios, los desechos, la chatarra cuyo destino es “el kilo”, una vez que no sirve ni para darle “otra pasada”.

Y ese ha sido, en el gobierno de López Obrador, el destino de obras espectaculares y únicas en el mundo; incluso ganadoras de premios internacionales, como es el caso de el NAIM; inversión privada que se fue “al kilo” no por inservible sino porque “no digerible” para el dictador mexicano.

Pero también es cierto que los caminos de la vida son inciertos y nada convencionales.

Y frente a esa realidad, resulta que la obra emblema del pupilo de López Obrador, del admirado Marcelo Ebrard –y también la obra emblema del “presidente legitimo”, la Línea 12 del Metro, hoy es un montón de chatarra que no sirve más que para “el kilo”.

Pero la realidad es aún más poética.

¿Quién le iba a decir a López Obrador que sus dos más queridos colaboradores, que los dos competidores por la sucesión presidencial, serían aplastados por una obra, como al Línea 12 del Metro, que terminó en “el kilo”.

Y sí, por increíble que parezca, ese es el destino de la moderna Línea 12 del Metro; sólo servirá “para el kilo”, ya que distintos experto han concluido que es tal el daño estructural y que fue tan mal construida la obra, que es mejor demolerla por completo y construir de nuevo desde los cimientos.

Y si lo dudan pueden buscar un reportaje de National Geographic sobre las grandes obras de la ingeniería que han resultado fallidas y podrán probar que el mundo entero se enteró del fracaso de Marcelo Ebrard, como jefe de gobierno de la Ciudad de México.

¿Qué va a pasar con la Línea 12 del Metro?

¿De verdad habrá un valiente que exigirá no sólo la reparación de los daños, por la vía de los seguros, o simplemente la obra faraónica se convertirá en otro Fobaproa que pagaremos los ciudadanos todos?

Pueden decir misa y pueden alardear todo lo que quieran, pero la obra ya es inservible y es carne “de kilo”.

¿Por qué?

Lo simpático es que mientras que el tirano López Obrador sueña con su Disneylandia en lo que queda del NAIM, la realidad derribó la segunda obra emblemática en el gobierno fallido de López; la Línea 12 del Metro.

Dicho de otro modo, resulta que la realidad deja “para el kilo” al gobierno de López Obrador, una gestión que va de fracaso tras fracaso, que es incapaz de hacer algo bien, de atender los reclamos ciudadanos elementales y que día a día desmorona a su gabinete, a causa de la corrupción que mata.

Al final de cuentas, el gobierno de AMLO terminará “en el kilo”, ya que no fue capaz de atender uno sólo de los reclamos sociales que prometió por décadas.

Y la frustración por el gobierno fallido, convertirá a López Obrador en un presidente cada día más amargado, un presidente para “el kilo”.

Se los dije.