En el marco de la conferencia de prensa matutina del pasado 30 de abril, un periodista le preguntó al Presidente López Obrador sobre los avances de su política de descentralización administrativa, que esencialmente consiste en “sacar” distintas instituciones públicas de la Ciudad de México, en “mandarlas a diversos Estados”.

Respondió el Presidente: “Va la descentralización, se está llevando a cabo poco a poco, pero sí ya una parte de Cultura está en Tlaxcala, una parte de la Secretaría de Turismo está en Chetumal, ya prácticamente toda la Secretaría de Energía está en Villahermosa, hay un proceso de mudanza, Pemex va a Ciudad del Carmen”.

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Desde siempre, yo he sostenido que esa política descentralizadora es una aberración, una estupidez, un despropósito, un acto irracional. No me extraña, sinceramente, que haya salido de la cabeza de López Obrador.

Lo mínimo que uno espera de una buena administración pública, es más, lo que uno espera de cualquier tipo de administración, es que sea capaz de incorporar exitosamente los avances técnicos y tecnológicos que le provea su época histórica, a objeto de elevar la productividad, es decir, la razón insumo/producto.

La política de descentralización de López Obrador es una magna estupidez, por donde se la vea. Ni siquiera había necesidad de ella.

En lo que menos piensa un gobierno de veras moderno, responsable, austero, racional e inteligente, es en sacar instituciones públicas de la Ciudad de México: esto produce, de entrada, altos costos de traslado y de transacción, así como desintegración de núcleos familiares.

Un gobierno de veras moderno, para nuestra época, piensa en ampliar la cobertura de sus servicios, abaratar los costos de su operación y elevar su nivel de eficacia en provecho de los contribuyentes… ¡y para esto lo que se necesita, en nuestros tiempos, es una política de gobierno digital, gobierno electrónico o e-government!

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Es obvio que López Obrador es un cuerpo viejo lleno de ideas viejas: de aquí su proyecto guajiro y caro de “sacar” edificios y burócratas de la Ciudad de México. ¡No, no y mil veces no!

Urge, en México, la aplicación de modelos de gobierno digital para que las instituciones públicas puedan funcionar a bajos costos, incluso las 24 horas del día y los 365 días del año, y esto para empezar. México necesita modelos de gobierno digital que eviten traslados onerosos, largas filas, dispendio de recursos, trámites inútiles, burócratas lentos y corruptos, excesivos tiempos de espera, días inhábiles, etc.

Pero a López Obrador y a su equipo de ineptos les cuesta mucho trabajo entender la esencia digital y telemática de nuestros tiempos. Por eso piensan en sacar oficinas y burócratas de la Ciudad de México: el cerebro no les da para entender y crear una red eficiente de oficinas virtuales, para que el gobierno esté, de ser necesario, en todas partes y a todas horas.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

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