Hace casi un año, la pandemia azotaba a todo el planeta, colocando a la humanidad en una encrucijada, que puso a debate cual debería de ser el siguiente paso, para recuperar el dinamismo que se venía teniendo desde la caída del bloque soviético, pero más aún, emanaron diversas propuestas y opiniones, para controlar los efectos de la emergencia sanitaria provocada por el COVID-19.  Tales visiones, análisis, propuestas, prospectivas y estudios, sin duda alguna, tuvieron en las imágenes dantescas que acontecían en las principales ciudades del mundo, de desolación y soledad, la imperante necesidad de buscar un cambio a como se venía estableciendo el proceso de desarrollo del siglo XXI.

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Tan solo es de recordar las calles de Londres, París, Roma, Madrid, Buenos Aires, Moscú, Hong Kong, que eran abrazadas por la soledad, el silencio, la oscuridad y que las luces del alumbrado público, permitían recordad que la humanidad aún existía, pero que debía de resguardarse ante el fantasmagórico flagelo de un virus que llegó para ser parte de la convivencia diaria con cada ser humano, provocando en millones de personas alrededor del mundo, la desolación, tristeza y desesperanza.  Pero la humanidad demostró que tiene el temple para sobreponerse a la adversidad, poniendo atención, en cómo otras especies animales se habían adaptado a la nueva situación, es decir, delfines que se vieron en los canales de Venecia, Pavo Reales paseando por las calles de Madrid, o bien, la cercanía al puerto de Acapulco de la magnificencia de una familia de ballenas que ocupaban su espacio, ante la ausencia del ser humano.

Fueron meses decisivos para determinar hacia donde vamos como humanidad, como sociedad global y como Estados nacionales, en ese devenir histórico, la ciencia y tecnología demostró su eficiencia y pese a las voces que sugerían que era lejano el momento que apareciera una vacuna, tuvieron que retractarse y aceptar que para finales del año pasado la humanidad pasaba a la ofensiva para contrarrestar los efectos, que el nuevo coronavirus seguía aplicando a cada ser humano en el planeta; en ese mismo sentido, las voces y propuestas de una diversidad de científicos comenzaron abogar por cambios sustanciales que apoyaran la manera en como se habían venido gestionando el aprovechamiento de los recursos estratégicos para el beneficio de la globalización.

Esas voces fueron escuchadas por economistas, políticos, grupos financieros y grandes corporativas para hacer realidad una imperante necesidad, cambiar la estructura del modelo de desarrollo que se venía gestando por décadas.  Era el momento de acelerar los procesos de transición acelerada de las nuevas energías alternativas, de buscar la sustentabilidad del planeta y de revigorizar el medio ambiente, considerando en ello, que la globalización si podía encontrar una salida alterna, que permitiera seguir con los propios procesos del libre mercado, como ya lo veía advirtiendo el economista francés, Thomas Piketty, de las desigualdades que seguían presentes en una diversidad de naciones en cada continente.

Ahora bien, la cumbre convocada por el presidente Joseph Biden, está justo en el camino correcto de buscar una gran alianza de naciones, que establezcan políticas de Estado tendientes a lograr la concreción del cambio tecnológico, de una nueva revolución de conocimiento, que va más allá de la siembra de arboles para abatir la migración, es un gran proceso de lograr que las economías en los próximos años, se den los pasos conducentes para que la industria global, deje de depender de la quema de gasolinas y combustóleos, para alcanzar una eficaz aplicación de la utilización del sol, la marea, el viento y la geotermia, pero para lograr esta hazaña, se necesitan de liderazgos firmes cómo los que han sido convocados para hacer realidad esta trasformación que la pandemia obligo a tomar estas medidas.

Las acciones que se estarán gestando a razón de los acuerdos que se concreten por más mínimos que sean, serán un gran cambio geoestratégico en la manera en como las potencias asumirán sus respectivos roles continentales y globales, encaminado para redefinir las condiciones con las que evolucionara cada nación, cada Estado en los próximos años, como así se ha definido en la Cumbre del Cambio Clímático, en la que estuvieron presentes 40 líderes globales, destacando el anfitrión Joseph Biden, como también 40 el presidente de la RP de China, Xi Jinping, el presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin, el Papa Francisco ó la Directora-Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, que puso sobre la mesa de discusión una especie de impuesto global para aquellas naciones que usen el carbono y sus derivados en sus procesos económicos, como también, la que está impulsando EEUU de lograr para el año de 2030, la reducción de gases de efecto invernadero entre un 50-52 %, con respecto a los niveles de 2005.

Todo ello, justo en el Día de la Tierra, para relanzar los Acuerdos de París en una muy hábil estrategia estadounidense de posicionarse tanto de la agenda, de la convocatoria, pero tal vez lo más significativo, el liderazgo con el que habrán de llevarse a efecto cada una de las iniciativas, que sin duda habrá de establecer todo un hito a como habrá de evolucionar la humanidad, en lo político, social, ambiental, económico, militar y geopolítico, pero al mismo tiempo, EEUU así como retoma un tema esencial para el desarrollo de la propia globalización, muy posiblemente, le permita establecer un renovado animo de participación y empoderamiento al interior de la más importante organización internacional, de la cual fue el principal artífice de su creación, la Organización de las Naciones Unidas, ya que en noviembre de este año, se habrá de celebrar auspiciada por esta institución global, la conferencia sobre el Cambio Climático ó COP26.

Entre el club selecto se encuentra Argentina, Brasil y México, quien requiere con urgencia, mirar a su entorno internacional, que a cada paso se muestra receptivo de las necesidades de un gran cambio en la manera de la generación del desarrollo nacional.  Más que nunca, la coyuntura geopolítica que ofrece esta Cumbre Climática es una nueva oportunidad que se le ofrece de ser un participante decisivo y no un mero observador, los minutos cuentan, las decisiones políticas son claves, pues de no asumirse con el rigor que ameritan, México tendrá en el siglo XXI, un oscuro horizonte para su devenir histórico.