La geopolítica como ciencia para los tomadores de decisiones, tiene un importante ámbito de análisis, en cuánto a las maneras en que es enfatizado el discurso político. En ese sentido, en las últimas semanas los diversos estadistas globales han hecho uso de una esgrima discursiva, para ir estableciendo proyectos, deseos, anhelos, pero también, constituyendo acciones, proyecciones y erigiendo intereses nacionales.

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Durante la pasada reunión del G-20 en Roma, Italia; lideres globales como Joseph Biden, Emanuel Macron, Ángela Merkel o Boris Johnson, ha dejado en claro, cuál debe de ser la hoja de ruta, en la manera, en la que las naciones se conduzcan por la construcción, de lo que debe ser la nueva faceta del desarrollo de la humanidad, en lo que ya podemos considerar como globalización 2.0.

Pero al mismo tiempo, aún cuando mandaron mensajes por video conferencia los jerarcas de la Federación Rusa y de la República Popular de China, su discursiva no fue en el sentido, de lo que las naciones democráticas, buscan para reactivar la economía global, dejaron en claro que sus proyectos de naciones y de sus intereses como potencias, van estrictamente en otro sentido, en dónde, no es importante la democracia, los derechos humanos e incluso el darle certeza a la humanidad frente a la  pandemia, su discursiva es en dejar en claro, que los intereses de estas naciones es el de consolidar su poder y redefinir el orden global vigente.

La discursiva de las potencias democráticas va en el sentido, de fortalecer los principios de la democracia en el mundo, buscando con ello, generar las condiciones a través las cuáles, las sociedades no caigan bajo el sutil encanto del populismo y de dictaduras como una salida fácil a las dificultades que se han tenido en los últimos a nivel global (previo y durante la parte más complicada de la pandemia de COVID-19). Asimismo, en la discursiva de los líderes globales democráticos, está en el ánimo de que la economía mundial, entre en una faceta de mayores condiciones para que las sociedades, tengan una cada vez mejor calidad de vida, mejores coberturas sanitarias, educación de excelencia y ante todo, generar las condiciones para ir abatiendo las desigualdades entre naciones que ocasionan disrupciones en las relaciones internacionales de nuestra época.

De igual manera, los discursos de los líderes mundiales que se dieron cita en Roma y en Glasgow, están por encaminar un cambio en la forma en la que se ha venido gestando el desarrollo de las naciones a partir de combustibles fósiles y que se hagan los debidos ajustes para pasar a procesos alternativos y sustentables.  Si bien, la tarea es diversa y complicada a causa de una multiplicidad de intereses que existen entre gobiernos y la iniciativa privada global, es cierto también, que la preocupación por el cambio climático y las afectaciones que está ocasionando, ya no son sólo meras reflexiones de intelectuales, especialistas y académicos, se ha convertido en una nueva etapa para el mantenimiento del orden global.

Sin embargo, el hecho que Vladimir Putin y Xi Jinping no asistieran a estas importantes reuniones, son otro tipo de discursiva que se manifiesta en distintos acontecimientos, como los que han estado ocurriendo en los últimos días, por ejemplo, el discurso del presidente Alberto Fernández de Argentina, tras su fracaso por sostener a su gobierno en las pasadas elecciones legislativas, pronunció un discurso en el qué se refirió, que ante la derrota existe el triunfo y para ello, ha recuperado una vieja disputa con Gran Bretaña por las islas Falkland, anunciando a la nación que buscará recuperar la soberanía sobre estas.  Dejando de lado, que dichas islas fueron reclamadas en 1982 y significaron la caída de la dictadura militar y una estrepitosa derrota; pero para el presidente Fernández y la vicepresidente Cristina Fernández, pareciera un salvavidas para afrontar su debacle política y social.

Otro ejemplo de ello, es lo acontecido en Nicaragua en dónde el ex guerrillero sandinista Daniel Ortega, que en la década de 1980, acabó con la dictadura Somocista, hoy se ha convertido al lado de su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, en una pareja de dictadores, que previo a las elecciones pasadas encarceló a casi toda la oposición, e incluso a ex colegas políticos y de armas, con tal de perpetuarse en el poder, y más aún, ha anunciado la salida de su nación de la OEA, por considerarla injerencista y no respetar la voluntad del pueblo nicaragüense, no obstante, de la violación flagrante a la democracia y los derechos humanos de millones de ciudadanos de esa nación.

Así como Nicaragua vive en el oscurantismo del populismo dictatorial, es la misma situación que priva en Venezuela desde que Hugo Chávez Frías ascendió al poder, heredándolo a Nicolás Maduro, logrando que una nación prospera, hoy tenga su PIB, niveles como los de Haití. Y que decir, de las acciones del gobierno cubano bajo el férreo control de Miguel Díaz-Canel, que ha logrado controlar, por el momento, a una sociedad deseosa de libertad política, social y económica, provocando el aislamiento y encarcelamiento de cientos de jóvenes que no pretenden ser adoctrinados en viejas diatribas del comunismo soviético y del culto a la personalidad de Fidel Castro y a una revolución qué lo que ha traído, es la pobreza y el aislamiento internacional.

De igual manera, pasa en El Salvador con el presidente Nayib Bukele, que tiene un control absoluto del poder Legislativo y que apunta a convertirse en otro carismático dictador en Centroamérica. Y finalmente, lo que ha realizado el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, al llevar hasta la frontera con Polonia, a miles de refugiados iraquíes, para promover una crisis política, a causa de las sanciones impuestas por la Unión Europea por la dictadura que representa, pero produce estas acciones, sabiendo que cuenta con la protección de Moscú.

El discurso es clave, para la ejecución de la acción geopolítica y de esto, estamos observando en el tablero mundial, un impresionante debate de expresión de la defensa de los valores democráticos y de lo que esto encarna, contra las acciones populistas, dictatoriales y de adoctrinamiento.  Luego entonces, en este sentido, ¿cuál es la postura mexicana después de la reunión trilateral de América del Norte? ¿recuperamos nuestros valores democráticos consagrados en la constitución y en la diversidad de tratados internacionales de los que somos signatarios? El tablero espera la respuesta.