La actual situación provocada por la aparición de un nuevo coronavirus al que comúnmente conocemos como COVID 19 nos hizo recordar diversos episodios de la historia de la humanidad que a causa de diversas epidemias y pandemias provocaron desazón e inseguridad en el periodo de tiempo-espacio en el que se fueron presentando.  Augurios de desastre y del fin del mundo han sido la parte más recurrente, entre las crónicas que se tiene conocimiento, pero de igual manera, se sabe de diversos esfuerzos de médicos en diversas ciudades y regiones que buscaban dar alivio a los infectados, como también una explicación y una cura al respecto.

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Desde la plaga que azotó la Atenas de Pericles, de la cuál dio fue el historiador Tucídides durante el segundo año de la Guerra del Peloponeso, que duro poco más de 4 años, dejando un saldo de 100, 000 personas muertas, casi un tercio de la población de Ática.  Desde ese hecho histórico, hasta nuestros días, la preocupación mayor es como evitar los graves estragos que provoca a la nación, sea en lo económico, político, social, militar e internacional; en cada uno de ellos, el impacto es importante por las implicaciones que se van uniendo a una cadena casi sin fin, que trastocan por completo las propias capacidades del Estado para seguir la marcha de su desarrollo.

Pero sí se recupera el análisis geohistórico de lo sucedido en Atenas, el factor de la guerra era crucial, pues estaba presente la confrontación con Persia, aunado al recelo de Esparta por el liderazgo que había asumido el gobierno ateniense a través de la férrea presencia de Pericles.  La presencia de la plaga trajo consigo un problema serio para mantener una marina y ejército eficientes, pero también lealtades frente a un enemigo en común.  La plaga también determinó una baja en los suministros tanto para la población como para las fuerzas armadas que estaban controlando las incursiones persas en el espacio de control de las ciudades-Estado griegas.

Por ello como bien lo describe Tucídides, no solo era un problema de salud pública el control de la plaga, de la epidemia, si lo referimos con términos del siglo XXI, era un problema de Seguridad Nacional, pues desequilibraba por completo las capacidades de actuación del gobierno, ya que tenía enfrente a un enemigo invisible, al cual había que combatir para seguir frenando las aspiraciones expansionistas de Persia.  Fueron 4 largos años, en los cuáles surgió una pregunta esencia, ¿Cómo detener a la plaga?, la tecnología de la época realizó lo que podía y la mejor estrategia fue evitar el contagio y cubrirse la cara, tal como lo hacemos en nuestros días para enfrentar a diario la contingencia sanitaria.

Pero afortunadamente, la experiencia histórica y el avance en la ciencia y la tecnología, están permitiendo que se puede afrontar a la pandemia con mayor optimismo. Nuestras generaciones están vacunadas contra una diversidad de enfermedades que en otras épocas eran altamente letales, se cuenta con fármacos cada vez más eficientes y con industrias especializadas en el ramo de la salud pública, la mayoría de ellas en el sector privado que son las que ahora están llevando la batuta para tener en el menor tiempo posible la o las vacunas que controlen al COVID 19.

En este sentido, es importante considerar la importancia geoeconómica que tiene las principales empresas de este ramo que son las siguientes (con datos a mayo del presente año): Johnson&Johnson con ganancias de 10, 879 millones de dlls, Roche 7, 592 millones de dlls, Bayer 5, 149 millones de dlls, Abbott 4, 572 millones de dlls, Merck 4, 296 millones de dlls, Pfizer 3, 814 millones de dlls, Celgene  3, 665 millones de dlls, Glaxo Smith Kline  3, 519 millones de dlls, Sanofi 3, 475 millones de dlls y Abbvie 3, 420 millones de dlls; todas ellas estadounidenses y europeas en la composición de sus casas matrices y de su capital.

Son precisamente estas las que están compitiendo por tener la vacuna lo más pronto posible, pensando para finales de este año y comienzos del 2021, en este juego geoestratégico se encuentra la Universidad de Oxford de Gran Bretaña quien hizo una alianza estratégica con AztraZeneca para concretar una de las vacunas, pero también se encuentra Pfizer de EEUU con la alemana BioNtech.  Es una gran competencia que va a generar grandes dividendos económicos, prestigio tanto para la empresa como para el país de origen de esta, avance científico y un posicionamiento de las capacidades en la innovación científica en el siglo XXI, pues el propio Director General de la OMS Tedros Adhanom en las primeras semanas de la pandemia asevero que la vacuna seria cuestión de años para desarrollar la adecuada; la ciencia y la inversión pública y privada le han dicho lo contrario, con los procesos de investigación se puede acelerar su estudio, análisis, ser probada con éxito y poner en fabricación.

Esta carrera geoestratégica incluye a la República Popular de China (RP de China) a través del Instituto de Biotecnología de Beijing, que depende de la Academia de Ciencias Médicas Militares del Gobierno Chino, que sumó esfuerzos con la empresa CanSino con sede en la ciudad de Tianjin y que ya cotiza en la Bolsa de Valores de Hong Kong, para desarrollar la vacuna que enfrente al COVID-19, para lo cual, ya está a punto de que sea inoculada a miembros del Ejército de Liberación Popular, como parte del primer paquete de vacunación que habrán de llevar a cabo para ir abatiendo al enemigo invisible.

Es clara la competencia entre EEUU, la RP de China, y Europa (liderada por Alemania y Francia), lo que les asegura el prestigio de ser las naciones y sus empresas las que controlen al COVID 19, también se posicionan en la hegemonía en la ciencia en términos generales, pero de igual manera, adquieren un posicionamiento en la globalización al demostrar que cuentan con las capacidades para hacer cada vez más eficiente a la ciencia y a la tecnología en su propio beneficio.

 

De ahí que es importante considerar lo que acontece en México en materia del desarrollo de ciencia y tecnología, que ha evidenciado que el 0.38% que se le asignó en el presente año, va muy pero muy debajo con los miembros de la OCDE, que en promedio es de 2.4%. La mayoría de los 988, 317 millones de pesos que tiene CONACyT como presupuesto es para el pago de nómina, becas y promoción de la educación, no para crear ciencia y tecnología.

El mundo muy pronto tendrá las vacunas para ir controlando al COVID-19, pero México tendrá que comprarlas al costo que marque la empresa con la que se contrate y sí es el caso de adquirirla con la RP de China, es comprar la Caja de Pandora ante los intereses de esta nación que tiene sobre México y en la región.  La UNAM, IPN, Tec de Monterrey, Anáhuac, entre otras;  tienen a los hombre y mujeres más preparados en el área de Salud, lo que hace falta es mayor inversión pública y privada, mejores políticas de Estado. Aun es tiempo de incorporar de pleno a México en el siglo XXI.