La geopolítica como el sutil arte de la acción del Poder Nacional de un Estado, permite seguir identificando, cómo el tablero mundial establece el juego entre potencias y más aún, cuándo las cadenas de producción han venido teniendo una serie de dificultades, a razón de la saturación de algunos puertos como el caso de Long Beach, California y la falta de contenedores, que en buena parte, pertenecen a empresas de la RP China; aunado a esta situación, se encuentra la agresiva acción de Beijing sobre el territorio del Estado de Taiwán, haciendo patente su firme deseo de hacer valer su papel de potencia global y recuperar lo que considera un espacio terrestre en rebeldía.

A su vez, los medios de comunicación internacionales nos muestran la catástrofe que hoy prevalece en toda Haití, sobre todo en su capital, Puerto Príncipe, en dónde una diversidad de bandas de criminales y narcotraficantes tienen el verdadero control de lo que ya es evidente, un Estado fallido. Y que decir, de las acciones que han retomado el gobierno talibán en Afganistán, de un control teocrático sobre su población, en especial sobre las mujeres, en dónde recientemente se ha tenido referencia, de la decapitación de la líder de lo que fue su equipo de Volibol, tan sólo por reclamar sus derechos humanos.

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De igual manera, es cada vez más evidente, que los regímenes totalitarios están endureciendo sus posturas ante sus ciudadanías como es el caso de Cuba y Nicaragua, en dónde se encarcela a corresponsales, artistas, poetas, científicos o médicos; tan solo por el mero hecho de desear una vida digna, a la cual, estos regímenes no se los permite, como también pasa en Venezuela, la Federación Rusa y Bolivia (como es el caso de Jeanine Añez).

En esta delicada y compleja condición de las Relaciones Internacionales, el cambio climático, ha pasado a ser un tema de seguridad global, que bajo la tutela de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), será llevada a finales de este mes y durante dos semanas de noviembre, en la ciudad de Glasgow, para comenzar a establecer acciones firmes que le permitan a la humanidad contar con la certidumbre de un desarrollo armónico y sustentable en previsión de un futuro que hasta ahora, no parece nada bueno para las generaciones venideras.

Con este panorama, en un año que ha sido complejo por enfrentar las condiciones de relanzar la economía global, parece que terminara con el alza sostenida de los precios del gas no obstante, que el invierno, de acuerdo a los especialistas no será tan extremo, pero sí demandante del energético para seguir haciendo funcionar la maquinaria mundial que le de certeza al desarrollo de cada nación y Estado; no obstante, las proyecciones económicas para el año 2022, consideran que vendrá una disminución del crecimiento, a causa de la saturación de una diversidad de manufacturas y la escases de insumos como chips para diversos rublos de la industria global.

Geopolíticamente, el final del año 2021 y las previsiones del 2022, serán de mayores ajustes a lo que hemos vivido en los presentes meses, es como estar en un largo periodo de prueba, en el que se habrán de definir las alianzas estratégicas, se precisará la hoja de ruta mediante la cuál, los regímenes gubernamentales establecerán su organización al interior de los Estados nacionales y más aún, comenzará a dejar en claro, que tanto las libertades políticas, sociales y económicas como hasta ahora las conocemos seguirán funcionando, se modernizan o sucumben frente a las tecno-autocracias.

El reto es monumental, pues a este fenómeno inédito, se le debe de considerar el cambio generacional que demanda en diversas naciones, no solo mejores condiciones de vida, reclama nuevas maneras de convivencia y de organización social, que no están considerados, en la manera en la que se ha configurado la vida de cada nación, ya no es el hecho del ejercicio de los Derechos Humanos como un reclamo de un mejor trato entre iguales, ya no es tan solo la participación política plena, es un cambio en las estructuras de lo que hoy consideramos como Estado y que aún no sabemos, como humanidad hacia donde derivara, toda esta exigencia de diversos grupos sociales a lo largo y ancho del planeta.

Por mientras, los Estados nacionales como EEUU, tienen en claro, a través de la reciente publicación del Departamento de Defensa, denominada Climate Risk Analysis, que esta nación y el mundo, deberán afrontar una diversidad de problemáticas, que tendrán un impacto en la propia seguridad internacional y por ende en el estudio geopolítico de la globalización 2.0.

De acuerdo a este reciente documento el deshielo en el ártico no solo traerá una ventana de oportunidades para el comercio marítimo mundial, tendrá consigo el quehacer de la definición geoestratégica de las potencias y el debido impacto en el incremento de los mares, pero si de cambio climático se refiere, este sin duda tendrá un impacto negativo en posiciones estratégicas para su defensa en islas como Guam, Marshall o Palau, vitales para su andamiaje talasopolítico en la región Indo-Pacífico; pero de igual manera, el incremento de la temperatura, sin duda tendrá su debido impacto en la forma en la que ha venido operando el crimen organizado, al buscar zonas y regiones, óptimas  para sus capacidades modificando las acciones para su contención.

El tablero mundial, cada vez es más dinámico y exigente de sus jugadores, pero también de sus observadores, pues de lo que se defina, el impacto será para cada nación, país, sociedad y Estado, de ahí la importancia de lo que ya están realizando las potencias, apoyar a sus instituciones educativas (universidades e institutos) a establecer las mejores condiciones para afrontar estas delicadas condiciones que cada habitante en este planeta tendrá que afrontar en los próximos años, por mientras en México, se acusa, se persigue, se estigmatiza, se señala y se humilla, a quienes con su dedicación y vocación buscan sin ideologías el desarrollo nacional.  En su momento el presidente Porfirio Díaz Mori y un grupo encabezado por Justo Sierra, tuvieron el acierto de dotar a la nación una universidad (nuestra UNAM), que velara por el progreso y el avance de una sociedad que lo demandaba, hoy se le ubica en la lista de los adversarios del régimen.