Lograr la confianza lleva mucho tiempo, muchas acciones, perderla es cuestión de un instante o de una mala acción.

Cancelar la planta de una cervecera en Baja California porque una caprichosa consulta patito, impulsada por el presidente, reafirma la desconfianza de los inversionistas, y muestra la pobre atención a la necesaria inversión en el país, a la creación de empleos, la generación de impuestos para las tareas de gobierno, la construcción de ambientes de desarrollo y seguridad.

Tal parece que los cables ideológicos se cruzan, que la política gubernamental es destructiva, que se escuda en el pueblo para cumplir caprichos y obsesiones personales.

Los tiempos del corona virus que vivimos en México, son tiempos del río revuelto donde unos pretenden abusar de la situación de emergencia, para lograr sus fines aviesos, y llevar toda el agua posible a su molino autodestructor.

La puesta en marcha de un discurso de odio repetitivo, manipulador y ajeno a las respuestas que se requieren en esta hora de angustia social, de una pérdida de futuro en donde la esperanza se ha agotado, porque no se sabe qué sucederá durante la emergencia crítica de salud. Porque no hay rumbo con certeza y menos de confianza en la autoridad.

La mentira es el peor ropaje para la ocasión. El mentiroso compulsivo es dañino. Creer que todo surge de una sola voz e ignorar a la sociedad es no entender nada de lo que pasa. En lo que respecta a la pandemia, la sociedad va delante del gobierno. Por ello la población tiene confianza en las fuerzas armadas y no en cualquier miembro del gobierno, sino en quienes se mantienen en preparación de cada fase de la pandemia y en apoyo abierto a la población.

La desconfianza de la forma y contenido en que se ha manejado la crisis de la pandemia por parte del gobierno es amplia. No hay ejemplaridad en lo que hace el presidente, hay bochorno por la forma en que encara la contingencia; críticas del extranjero llueven día a día.

Es así como la desconfianza se vuelve el signo del gobierno. Las personas actuarán por y con sus propias fuerzas, el gobierno las abandonó.