“No se puede dar la mano a quien permanece con el puño cerrado”

-Indira Gandhi

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“La igualdad de género tiene que ser una realidad vivida”

-Michelle Bachelet

Es importante reconocer la participación de las mujeres mexicanas en diversos espacios de la política, el deporte, la ciencia, la literatura, la docencia entre otros, que a través de sus desbordantes capacidades desafían obstáculos para construir triunfos de manera audaz. En las últimas décadas estos logros representan un avance en materia de equidad de género.

Sin embargo, ¿qué sucedió en la marcha del pasado 16 de agosto de 2019 en la Ciudad de México?, el hartazgo y enojo se fundió en una solo voz femenina. En un momento todo se salió de control durante la protesta para erradicar la violencia. Los disturbios ocasionaron afectaciones patrimoniales cuantiosas, además de las agresiones a periodistas y medios de comunicación. Los hechos terminaron siendo reprochables.  

Se aplaude la valentía y razón de las demandas, aunque no es factible escudarse en un movimiento de esta naturaleza para cometer actos vandálicos. No se debe pedir paz con violencia. Bajo este contexto es conveniente citar que la igualdad no es sinónimo de equidad. La Real Academia Española, define a ambos conceptos de la siguiente manera:

  1. Equidad:   “Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece”.
  2. Igualdad: “Principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones”.

Un ejemplo de equidad podría ser al momento de la detención de un presunto por parte de la autoridad donde el infractor tiene que ser tratado con justa dimensión de equilibrio y proporción de la fuerza y no conforme al delito que se le imputa. 

Es el momento de exigir que la impartición de justicia se aplique de forma simétrica para mujeres y hombres. En la sociedad mexicana es probable que la igualdad no sea paralela o con la amplitud que demanda la feminidad. Entonces ¿tenemos que ser semejantes los hombres y mujeres?

Los hombres a lo largo de historia hemos sido desiguales. La naturaleza de creación de la mujer es diferente, como los sentimientos, el físico, y emociones que enriquecen la sinergia en la compartimentación vivencial. Los juegos olímpicos están diferenciados por una distinción en las pruebas de competición. Esto no significa en la actualidad que las mujeres deban poseer un acotamiento en el campo, social, político, económico, cultural, laboral y deportivo.

Los medios de comunicación publicaron diversas opiniones respecto a la congregación de las mujeres. En el periódico “Excelsior”, la columnista Catalina Monreal, mencionó: “hay quienes tratan de desvirtuar el movimiento y la exigencia. Marchemos, sí, marchemos y alcemos la voz, luchemos, exijamos, pero que la nota sea eso, la exigencia de impartición de justicia, el reclamo por una sociedad más igualitaria, el alto a la violencia de género y no el vandalismo”.

Ante la convocatoria pacífica en aras de evitar que el movimiento creciera a otras dimensiones difíciles de controlar, es posible que un puñado de mujeres fueron enviadas para repudiar, dividir y desvirtuar la esencia de la manifestación, siguiendo instrucciones de grupos de poder e intereses políticos.

La delincuencia no posee rostros. Antes de exigir igualdad, es necesario generar condiciones de equidad de acuerdo a las capacidades del desarrollo humano, no sólo a ojos de la religión o de las leyes. Del trato justo y respetuoso entre seres. Adiós, me corresponde cocinar. Hasta el próximo martes.

Facebook: Gonzalo Romero

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