Sin esperarse a que se concrete la reforma eléctrica que promueve López Obrador, la Comisión Federal de Electricidad puso en marcha una estrategia para  absorber a sus competidoras privadas que producen energías limpias, con la idea de que quedarse con el monopolio en el sector.

La estrategia de la CFE, dirigida por Manuel Bartlett, es asfixiar a las empresas privadas al no renovarles los permisos y luego buscar comprar los activos para quedarse con ellas.

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Las empresas privadas surgidas de la Reforma Enérgica del 2014 le venden casi toda la energía que producen a la propia CFE, pero los excedentes los colocan en otras empresas o bien las utilizan en un esquema de autoabastecimiento.

En días pasados, la CFE pidió a Nacional Financiera, al Banco Nacional de Comercio Exterior y al Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos que participen como agentes financieros en la compras de plantas privadas de ciclos combinados y de energías renovables.

La empresa del Estado ya tiene en la mira la planta Pesquería del consorcio español Iberdrola, que consta de cuatro unidades de generación. El producto de dos de ellas se lo vende todo a la CFE y el resto lo vende a socios mediante el autoabastecimiento.

El permiso de Pesquería vence el próximo 31 de enero y, de acuerdo con información que ha trascendido en las principales columnas financieras, no será renovado.

De esta manera, al no tener el permiso para seguir operando, a Iberdrola no le quedará de otra más que vender sus activos a la CFE. Y lo mismo pasará con otras empresas privadas de su tipo.

JC