La marcha de ayer contra los policías violadores de la Ciudad de México es uno de los tantos ejemplos de las luchas a las que se enfrentan las mujeres en la capital del país.

La exigencia es legítima per se, hasta el momento van al menos 60 mujeres asesinadas en la capital del país sin que se haya emitido una alerta de género. Las denuncias por acoso están en aumento y las mujeres, sin importar su edad, están en riesgo a donde vayan.

Se entiende que exista una molestia porque las están matando y las están violentando. El hecho de salir a calle a gritar basta, es solo una muestra del hartazgo, y aunque sean 100 o 10 mil mujeres las que lo pidan, lo verdaderamente importante es que ¡ya basta!

La lucha por decidir sobre su cuerpo no se cuestiona, leía en redes sociales, a manera de broma, que si las mujeres comenten un crimen cuando abortan, los hombres también cuando eyaculan y es justo eso lo que tenemos que acabar. La discusión científica, moral o religiosa no debe estar por encima de la ley, por eso vivimos en una democracia. Que cada quien decida lo que quiera hacer con su cuerpo, hombre o mujer.

Mi postura sobre el trabajo que hace Jesús Orta en la Secretaría de Seguridad Ciudadana es muy clara, el señor no está capacitado para el cargo y ayer lo demostró. En un acto, del cuál no estoy de acuerdo, una joven le arrojó brillantina y aprovecharon el momento para desviar el motivo real de la manifestación.

Los vidrios rotos, las pintas y echarle brillantina a un funcionario no ayuda a solucionar el problema de raíz, están hartas, se entiende, pero llevemos el debate a la altura de las circunstancias. Aborto sí, violadores no, protesta sí, brillantina no.

Y aún así las jóvenes tienen razón, no hay comparación entre hacer pintas o destruir un inmueble con la terrible situación de inseguridad que viven las mujeres, eso no justifica la acción. La violencia nunca ha sido el camino. Aún así, la brillantina es lo de menos, las están matando.

Ojalá a Claudia Sheinbaum le resultara igual de “provocador” las muertes, las violaciones y la tortura a las mujeres, que unos cuantos vidrios rotos. Ojalá se indignaran con los feminicidios, como se indignan con un poquito de brillantina.