El proceso electoral del 2021 trajo los peores resultados en la historia del Partido de la Revolución Democrática (PRD). De hecho, en la Cámara de Diputados pasó de 20 a 13 diputadas y diputados y perdió la gubernatura del estado de Michoacán, lo que significa un gran golpe para su posible sobrevivencia.

El primer ejercicio que debe hacer el PRD para recuperar a su electorado tiene que ver con reconocer que bajo sus siglas hubo corrupción en diversos gobiernos; que un pequeño grupo se apoderó de cargos y candidaturas; recordar cuál es el sentido que le dio vida y, sobre todo, replantear a los ciudadanos su existencia.

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Si hasta el año 2000, con 11 años de existencia, el de la Revolución Democrática avanzaba increíblemente, ubicando a la izquierda mexicana institucional como una opción de gobierno, después del 2006 el declive fue evidente. La caída no inició porque sus ideas caducaran, sino porque la presencia de los caudillos, especialmente de Andrés Manuel López Obrador, los quebró. En la izquierda mexicana es muy difícil sobrevivir bajo los cánones de la democracia y casi siempre hay caudillos.

Los intentos de caminar por una vía socialdemócrata hicieron que el PRD entrara en claro conflicto frente a los intereses de los diversos caudillos que lo intentaron controlar. De las inútiles asambleas con más de doscientos oradores durante los primeros años de su fundación pasaron a lo que hoy es el Movimiento de Regeneración Nacional: grupos de diferentes perfiles bajo la conducción y decisión de un Caudillo.

¿Qué olvidó el de la Revolución Democrática?

El PRD olvidó que es el primer partido de izquierda institucional que logró conjuntar la herencia de otros partidos políticos y tener triunfos electorales evidentes. Así es. Aun cuando existieron partidos de izquierda durante el siglo XX, como el Comunista, el Mexicano de los Trabajadores, el Popular Socialista o el Socialista Unificado de México, en 1997 el PRD tuvo 126 curules (70 de mayoría y 56 de representación proporcional), el número más alto, hasta ese momento, en la historia de la izquierda mexicana.

Además, desde ese núcleo de la izquierda mexicana se impulsó la creación de instituciones como el Instituto Federal Electoral (IFE) y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Uno, creado para dar certeza al voto de los ciudadanos y quitar al gobierno el control de las elecciones y, ésta, para garantizar el respeto de los derechos humanos. Una visión que fue avanzada en ese momento.

El de la Revolución Democrática logró una victoria contundente, en 1997, al ganar el Distrito Federal y retomar el trabajo que desde los ochentas tuvieron los diferentes movimientos urbanos populares. La hoy Ciudad de México, en su evolución jurídico política tiene sentido por la fuerza que el PRD tuvo. Luego … abandonaron a sus militantes y simpatizantes.

A partir de 1997, muchos grupos y líderes políticos del Partido Revolucionario Institucional se integraron al de la Revolución Democrática y borraron al que controló la capital durante décadas. Esa amalgama de liderazgos también dio paso a quienes asumieron el control de los diferentes gobiernos y dejaron de lado a la izquierda, que tampoco contaba con experiencia administrativa o de gobierno, evidentemente.

Es sencillo afirmar que el de la Revolución Democrática fue perdiendo electores. Es cierto, los resultados electorales nos dicen eso, especialmente en este 2018, pero hay que ir más allá. La diferencia entre los liderazgos con el de Andrés Manuel López Obrador se hizo más evidente luego de que una parte de la izquierda decidiera entre “reconocer” a Felipe Calderón o apoyar al “gobierno legítimo de López Obrador”.

La elección del 2012 y la formación del Pacto por México (integrado por los partidos Verde Ecologista, Acción Nacional, de la Revolución Democrática y Revolucionario Institucional) fue el momento axial de la ruptura y división de la izquierda. No se trató de posiciones ideológicas, sino del enojo de López Obrador por la colaboración con Felipe Calderón.

En la ciudad de México la confrontación entre Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera, después del 2012, por el tema de la Línea 12 del Metro, cambió las circunstancias del de la Revolución Democrática. El gobierno de la capital apoyó el desalojo de los profesores que se manifestaban contra la reforma educativa en la Plaza de la Constitución.

El gobierno de Miguel Ángel Mancera ha sido el menos identificado con la izquierda, ya no digamos con la histórica, con la que se movía en el país y en el mundo. Así, los conocidos casos de corrupción y el desplazamiento de cuadros de la izquierda, más la insensibilidad para mantener el contacto con las bases territoriales, generó desilusión. Lo lógico, ante el crecimiento del Movimiento de Regeneración Nacional, es que muchos grupos y líderes se desplazaran.

¿Para qué sirve el de la Revolución Democrática?

En estos momentos, el lenguaje y discurso de los líderes, militantes y simpatizantes, solamente nos remite a un discurso opositor al de Andrés Manuel López Obrador, lo cual significaría que el PRD no tiene agenda política o no sabe cómo promoverla.

Aun cuando muchas voces, especialmente desde el MORENA, piden la desaparición del PRD, su desaparición plantearía dificultades para el sistema político nacional y, especialmente, para la historia y tradición de la izquierda mexicana. Por supuesto que esto no es un valor por el cual los electores lo vayan a apoyar.

La izquierda mexicana tiene una tradición que la acerca mucho a los movimientos liberales, especialmente en el último tercio del siglo XX. Es probable que no les guste esta observación, pero la izquierda mexicana, inclusive –me atrevería a decirlo- ha tenido más planteamientos liberales que el propio Acción Nacional.

Me explico. Poner límites al poder para asegurar la libertad de los ciudadanos es un valor imprescindible del liberalismo político. Desde los movimientos ferrocarrileros hasta los guerrilleros, aunque en el discurso parecieran totalitarios, buscaban limitar el poder del Presidente de la República y de los que de ello derivaran.

Fue el PRD el primer partido político que planteó un porcentaje determinado para que las mujeres ocuparan candidaturas y cargos de elección popular; fue él quien impulsó la suspensión legal del embarazo (ILE) para privilegiar la libertad de decisión de la mujer sobre su cuerpo.

Pero también es el PRD el instituto político quien no entiende su papel ante la presencia de Andrés Manuel López Obrador. ¿Dónde está la discusión sobre la distribución de la riqueza, dónde el combate a la desigualdad, dónde la defensa de las libertades que quedan por debajo cuando un gobierno transfiere recursos indiscriminadamente –como lo hizo el PRI-, dónde queda la defensa de la libertad de prensa?

No creo que el PRD carezca de agenda. Basta revisar su plataforma política para saber que hay elementos –al margen del perfil ideológico que lo enfrenta con el MORENA- para sobrevivir. Sucede que a la dirigencia le importan los acomodos, le interesa que el presidente de la República los escuche, no le interesa hacerse oír por los ciudadanos.

Sucede que una buena parte de la generación que está en la dirigencia debe aprender a retirarse a tiempo, que el instituto político ya no debe ser la “franquicia” en la que lo convirtieron.