La geopolítica es la ciencia que nos facilita el debido entendimiento del interés nacional, en razón a ello, la reciente reunión, tal vez la más importante que haya tenido el gobierno mexicano con su contraparte estadunidense a través del mecanismo del DEAN (que fue creado por las administraciones de los presidentes Enrique Peña Nieto y Barack Obama, para darle un impulso a la relación bilateral en 2016), que fue desechado por la administración de Donald Trump y que se retoma con la finalidad de mirar a un proceso de mayor integración para la región de América del Norte.

-Publicidad-

Al respecto de la presente reunión, se deben de hacer una serie de consideraciones que son fundamentales para su debida consideración.  La primera de estas es referente a la estrategia de la administración del Presidente Joseph Biden de lleva a cabo una política multilateral que le permita fortalecer sus zonas de control en aras del juego global que se está llevando a cabo con las potencias antagónicas como son la República Popular de China (RPCH) y la Federación Rusa (Rusia).

En este sentido, debe destacarse que el estilo de conformar la estrategia de la política de seguridad internacional que tuvieron los demócratas en la administración del Presidente Barack Obama, fue que su Vicepresidente Joseph Biden, tuviera un rol protagónico hacia América Latina (lo cual se comento en ediciones pasadas de esta columna), por lo que no es nada raro, que esa misma táctica, ahora se lleve a cabo de la mano de la Vicepresidente Kamala Harris y que cada vez asume, con decisión y entereza tal encomienda, tan solo es de ver su posición en su visita a Palacio Nacional y las videoconferencias con el ejecutivo federal mexicano, todas ellas marcadas de un enérgico softpower, que ha tenido sus óptimos resultados como ha sido la política migratoria que ha asumido México en los últimos meses.

De igual manera, la salida de EEUU de territorio afgano (que para muchos fue sinónimo de debilidad, lo que aún esta por verse), acentúa el cambio de jugada en el tablero mundial y es precisamente, el escenario de América Latina en dónde se habrá de llevar cambios en como se viene desarrollando la seguridad internacional, es decir, la administración del presidente Biden debe dejar en claro que el continente americano es el espacio natural de su actuación tal como lo definió en un primer momento, la política exterior de su nación en el siglo XIX; pero también, para determinar que no es grata la presencia de la RPCH y de Rusia.

Y más aún, se requiere de un entorno confiable, que no genere problemas que distraigan la atención de manera innecesaria de lo que es el enfrentamiento por el liderazgo global y que para las propias necesidades de este objetivo, la seguridad nacional de los EEUU, descansa en parte, en un México que asuma su compromiso con América del Norte y no con las veleidades con las que se ha venido conduciendo en los últimos meses desde que el partido demócrata asumiera la presidencia de la nación más poderosa del mundo.

Por ello, no es raro, que el gobierno de Biden encontrara un mecanismo de diálogo político económico, que en su momento funcionó y que ahora se debe poner en marcha para dar certidumbre a las zonas de control inmediatas a su frontera.  Si bien el  DEAN, es un mecanismo más de índole económico, se antoja su relanzamiento, similar a lo acontecido al QUAD, si bien este su intención es más a la contención del expansionismo chino en la región Indo-Pacífico, el DEAN debe servir para dar certidumbre que el aliado es aliado, que el buen vecino es un buen vecino, que el amigo está en las buenas y en las malas.

La importancia de esta reunión se identifica en las características de los participantes por parte de los EEUU, encabezada la comitiva, con la Vicepresidenta Kamala Harris, el Secretario de Estado Anthony Blinken, Gina Raimundo, Secretara de Comercio, Alejandro Mayorkas de Seguridad Interior, Katherine Tai Alta Representante Comercial, Samantha Power del USAID y el recién nombrado embajador de EEUU ante México, Ken Salazar. Un staff de alto nivel que sin duda, estableció este pasado jueves una delicada línea de acción para establecer las condiciones de desarrollo necesarias para fortalecer a la economía estadounidense y con ello de sus socios comerciales, siempre y cuando México actué con lealtad a su principal socio comercial.

Ahora bien, la parte mexicana estuvo bajo la representación del canciller Marcelo Ebrard C, Tatiana Clouthier secretaria de Comercio, Gabriel Yorio, subsecretario de Hacienda, Luz María de la mora subsecretaría de comercio exterior, Roberto Velasco, director general para América del Norte y el embajador Esteban Moctezuma, quienes tuvieron la encomienda de establecer cual sería su compromiso ante las necesidades estadounidenses y lo que es menester para la recuperación económica por la crisis que atraviesa nuestra nación.

Si bien la propuesta es reconstruir juntos, los objetivos propuestos desde la Casa Blanca son de un desarrollo social y sustentable a partir de las características que ya el propio presidente Biden ha definido, de acelerar el paso para alcanzar políticas amigables con el Medio Ambiente y así frenar el cambio climático lo más que se pueda, pero desde la consideración de cómo debe gestarse la prosperidad para América del Norte.

Ahora bien, desde la posición de la Casa Blanca, esta reunión además de formalizar un programa sustentable en las políticas comerciales entre las dos naciones, se mantuvo el tema de la seguridad fronteriza a causa de las oleadas de migrantes que se ubican en la frontera entre México y Guatemala, manteniéndose para ello la cooperación respectiva en materia de seguridad nacional.  En ese mismo sentido, las cadenas de suministro son vitales y en un caso específico el de los chips esenciales para amplios rubros, entre ellos, los de la industria militar estadunidense que se encuentra en competencia con la china y rusa.

De nueva cuenta el gobierno va dando un giro a la tuerca en la relación bilateral, buscando que Palacio Nacional, entienda, comprenda, analice, recapitule, asimile, que el pragmatismo político nos une, la seguridad nacional nos asocia y los retos globales nos hermanan. Esta reunión puede ser un acierto para el canciller Ebrard, pero también, es la manera de exigir claridad de una política exterior errática, sin lealtades y dispersa, un momento clave que se ira viendo como y cuales fueron sus alcances y si sirvió para beneficio del interés nacional de las dos naciones, el tiempo, el tiempo se acorta, el sexenio va a la mitad; y en Washington DC ya elaboran los escenarios del tablero mundial. Luego entonces, cómo juega México, ¿peón, alfil, torre, caballo o reina? Pronto lo sabremos.