En México, para los que no  sepan, a los perros que viven en la calle y que llegan en busca de cariño se les llama “solovinos”. Son perritos que llegan solos, nadie los llama. Viven a merced de que alguien les regale comida, un apapacho y una cazuela de agua. Ellos, a cambio, mueven su cola, agachan sus orejas y agradecen en silencio.

«… a los ciudadanos que yo llamo cariñosamente “los solovinos” que sin ser acarreados, fueron a darnos su apoyo, su respaldo…» Estas fueron palabras del presidente López en campaña refiriéndose a sus seguidores, quienes, por increíble que parezca, aceptaron el sobrenombre como si su candidato les hubiera dado identidad.

Durante la campaña presidencial, en una conferencia con los banqueros, amenazó: “… a ver quién va a amarrar al tigre. El que suelte el tigre que lo amarre. Ya no voy a estar yo deteniendo a la gente”. Sus seguidores se emocionaron porque habían subido de categoría. ¡De perrito sin dueño pasaron a ser tigres! En redes sociales cambiaron sus perfiles y pusieron fotos del gran felino. En su imaginación ya tenían colmillos feroces.

Después, se difundió que al partido en el poder lo habían financiado los rusos. ¡Uy!, esos “solovinos/tigres”, inmediatamente escribieron sus nombres con terminaciones rusas. Se creyeron una comunidad extranjera. Como si ser extranjero fuera mejor que ser mexicano. Ellos mismos se hacen menos.

Ese sector de votantes cuenta con internet, teléfonos inteligentes, computadoras. Acepta los motes y las humillaciones sin quejarse.

El viernes, desde su estrado, el presidente López insultó a los más pobres de México.

«… la justicia es atender a la gente humilde, a la gente pobre. Esa es la función del gobierno. Hasta los animalitos tienen sentimientos, ya está demostrado. Ni modo que se le diga a una mascota: “A ver, vete a buscar tu alimento, ¿no? Pues se les tiene que dar, ¿no?, su alimento…”»

A diferencia de los votantes que se creen rusos, la gente “humilde y pobre” (que humildad y pobreza no son sinónimos) no siempre goza de internet, de teléfonos inteligentes, de televisión, de caminos que comuniquen, de escuelas dignas, de maestros capacitados, de carros, de transporte público.

Independientes, fuertes y valerosos son los trabajadores de la construcción quienes diario cargan costales bajo el sol ardiente y que tragan el polvo para levantar las paredes de nuestros hogares; los campesinos que tienen sus pies partidos y sus manos llagadas para darnos de comer, y los indígenas que luchan contra viento y marea para vender sus artesanías. Pero para el Ejecutivo son animalitos con sentimientos.

Cada vez que quiera votos, el mandatario recurrirá a esas “mascotas” para lograr sus fines. Permitirá que le besen la mano, le muevan la cola y agachen las orejas mientras él muestra esa mueca cínica que le cruza el rostro.

Lo más lamentable es que esa gente despreciada por el peor mandatario de nuestra historia no se entera de los insultos.

El presidente López lo sabe y por eso se burla.