Este 1 de octubre iniciará una nueva etapa de gobierno en las 16 Alcaldías de la Ciudad de México. En los casos donde se dará una transición, por la reelección de los Alcaldes, no habrá dificultades; donde se renueva el gobierno, éstas ya están presentes y no será muy sencillo cumplir con los compromisos hechos a los electores.

Una de las cosas que más llama la atención en el período de transición de los gobiernos en las Alcaldías es la enorme importancia mediática que las y los Alcaldes de la “Alianza Va por México” tienen. No hay día en el que no aparezcan formalizando acuerdos, reuniéndose con los vecinos o comprometiendo la instalación, reparación o inversión a las áreas principales de la demarcación.

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¿Serán capaces de cumplir las expectativas que están generando?

¿Cuentan con el aparato institucional para hacerlo?

Pensemos en un solo ejemplo. En la Alcaldía Cuauhtémoc, la Alcaldesa, Sandra Cuevas, se ha comprometido a remodelar los “39 mercados públicos” y, además, a brindar internet gratuito.

Al presentar su “Plan de Reactivación de los Mercados Públicos”, la alcaldesa señaló que mejorará la infraestructura “… como la instalación de gas natural, limpia de basureros, instalación de internet gratuito, remodelación de sanitarios, fachadas, techos, sistema eléctrico, sistema hidrosanitario y drenajes) y capacitaciones (de protección civil, de educación financiera y de marketing)”. (El Economista, 14/09/21).

De acuerdo con un documento del Consejo de Administración de la Comisión Federal de electricidad, de 2019, en la Ciudad de México las Alcaldías de Álvaro Obregón, Venustiano Carranza y Cuauhtémoc eran las instituciones con mayores adeudos en el pago de luz: 46.3 millones, 43.1 y 37.5, respectivamente.

¿En qué estado se encontrará la deuda actual? El servicio eléctrico es esencial para la modernización de los marcados públicos. Y esto no es actual. Una de las propuestas más importantes que fue impulsada deficientemente en la Ciudad de México es que los consumidores puedan efectuar sus pagos con tarjetas de crédito o débito. Para ello se requieren terminales que dependen, efectivamente, de internet y de los servicios eléctricos, y, además, de locatarios que estén dispuestos a hacerlo.

El de los mercados públicos en la Ciudad de México debe ser visto como un modelo que recicla viejas y nuevas costumbres, una de ellas tiene que ver con la resistencia de muchos locatarios a dejar de tener una relación paternalista con las autoridades delegacionales, hoy de las Alcaldías. La creencia de que el gobierno debe ser el soporte de su desarrollo, evidentemente contrasta con la competencia que ofrecen los centros comerciales.

En los últimos años, la “gentrificación” y nuevas generaciones, que buscan lo “real”, dieron un repunte al atractivo de los mercados públicos, pero no ha sido suficiente para su manutención. Hoy en día, salvo los grandes centros de abasto como La Merced o la Central de Abasto, la mayoría de los marcados públicos ofrece productos a precios superiores, inclusive, al de los centros comerciales.

La amplia exposición mediática que las y los alcaldes de la alianza “Va por México” tienen, implica una impresionante, sí, impresionante, responsabilidad por las expectativas que están generando. Y esa expectativa no tendría problema si la administración que reciban, este 1 de octubre, se encuentren en las mejores condiciones. No será así.

En primer lugar, no habrá –financieramente hablando- los recursos necesarios para que el inicio de la administración sea eficiente. Es decir, van a navegar con el rumbo que ya se les determinó y será muy difícil revertirlo. De hecho, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México no ayudará a que las Alcaldías tengan un incremento en su presupuesto.

En segundo lugar, si bien en 2018 se dio un cambio en el nombre de las Alcaldías y se determinaron nuevas facultades, muchas de ellas están subordinadas al gobierno central y, además, el aparato institucional, la estructura institucional, no está adecuada para cumplir con la ordenanza constitucional. Seguramente algunas de ellas modificarán su estructura institucional para dar respuesta inmediata a temas que consideran esenciales, pero no delinearán una nueva visión de Alcaldía.

En tercer lugar, las y los alcaldes van a tener que revertir las formas de relación “clientelar” que se han construido desde décadas atrás y, por ende, la gran demanda que inicialmente tendrán esos grupos, acostumbrados a gobiernos opacos y “paternalistas”.

En cuarto lugar, los nueves alcaldes de la alianza “Va por México” estarán limitados y acotados porque, no lo olvidemos, en su ejercicio de gobierno también se están jugando los resultados electorales del 2024. (Uno podría añorar los tiempos en que los “Delegados” no tenían muchas aspiraciones políticas como hoy).

¿Cuáles son los aliados de las y los nuevos alcaldes impulsados por la alianza “Va por México”?

La exhibición mediática no es una política pública, no es el ejercicio de gobierno; es tan sólo una imagen que puede ser favorable o puede ser el principal enemigo a la hora de buscar el refrendo del voto de los ciudadanos.

A mí, como a la mayoría de los ciudadanos, nos interesa tener Alcaldías eficientes que recuperen la confianza de los ciudadanos en la política y en las políticas públicas. No será sencillo para las y los nuevos Alcaldes de la alianza “Va por México”. De su trabajo depende que el deficiente gobierno del Movimiento de Regeneración Nacional se vaya y que se detenga el deterioro que vive una parte de la Ciudad de México.