El día de ayer se logró una participación histórica en el proceso electoral intermedio. Es una victoria de los ciudadanos al acudir a las urnas, representa superar el miedo a la posible violencia; decidir frente a candidaturas y campañas vacías, en su mayoría y decidir entre el supuesto pasado corrupto e insensible y el supuesto presente de mentiras e incapacidad.

Desde el punto de vista estratégico, las proyecciones del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) no resultaron. Calcularon ganar 13 de las 15 Gubernaturas en disputa y tener la mayoría calificada (junto a sus aliados) en la Cámara de Diputados.

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Derrotada en la elección de este 2021, la dirigencia de MORENA tuvo en sus manos preferencias altas y un presidente de la República –primer promotor del Movimiento y principal hostigador de la oposición- que mantiene una aceptación por encima del 50 % y la perdió por su soberbia y falta de oficio.

Sin embargo, es un error creer que MORENA obtuvo resultados desfavorables. Y ahí la importancia de que estas elecciones del 2021 sean analizadas con detenimiento con la perspectiva rumbo al año 2024 y la competencia por la presidencia de la República.

La mayoría simple que tienen MORENA y sus aliados en la Cámara de Diputados (entre 265 y 298 curules) frente a la Alianza integrada por Acción Nacional, el de la Revolución Democrática y el Revolucionario Institucional (entre 181 y 213 curules), obligará al presidente de la República negociar cualquier intención de reforma constitucional y que, especialmente, la reforma electoral tenga otro piso de inicio.

Si bien, acotar al presidente, desde el legislativo, podría pensarse como “bueno”, tenemos que pensar que sin una agenda legislativa sólida de la Alianza, lo ganado quedará en el aire.

Frente a la sucesión presidencial de 2021, la Alianza opositora tendrá que hacer un trabajo de acuerdos y consensos para no romperse y, por el contrario, generar una plataforma nueva que asegure el apoyo de los ciudadanos que se fueron en 2018.

Territorialmente, MORENA ganó 9 gubernaturas, el PAN 2, y el Verde y Movimiento Ciudadano una cada uno (al escribir este documento, quedaban pendientes de decisión 2). ¿Qué representa para el Movimiento esto? Primero, recursos para impactar territorialmente y para concretar las promesas de la Cuarta Transformación.

Nadie puede pensar ingenuamente que el ejercicio de gobierno implica poner los recursos públicos para operar políticamente de manera directa o indirecta. De manera directa al proporcionar programas y apoyos; de manera indirecta pagando a operadores políticos que fortalezcan la presencia del Movimiento en los Estados gobernados.

El crecimiento de Movimiento Ciudadano (a partir de este año gobernará dos estados y tendrá de 20 a 27 diputados para ser bisagra de negociación) lo ubica como un actor que no se había considerado del todo rumbo al 2024. Lo importante es saber si Movimiento Ciudadano: ¿se vuelve aliado del presidente de la República –no de Morena, solamente-, se plantea como opción para el precandidato del Movimiento que no gane la candidatura o se constituye como una opción presidencial con plataforma y camino propios.

En este proceso electoral las “sorpresas” son los resultados en la Ciudad de México. Desde este 1 de octubre la oposición a Morena gobernará 9 alcaldías. Es la primera vez que un titular de la Ciudad de México tiene ese número de demarcaciones opositoras.

Y también es importante observar que la victoria electoral, donde el “incidente” de la Línea 12 es fundamental, también representa una merma para Claudia Sheinbaum y sus intenciones de ser presidente de la República.

Los resultados de la investigación sobre la Línea 12 representan un posible parteaguas entre dos de los futuros presidenciables: la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y el titular de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. Y ahí, el tercer actor, Ricardo Monreal, no ha sufrido descalabros. Al contrario, el triunfo de su pupila en la Alcaldía de Cuauhtémoc lo rescata del olvido territorial.

Un apunte que es necesario sobre esta elección tiene que ver con la importancia de que la Alianza no considere que los triunfos electorales en la Ciudad de México son por sus meras propuestas y por sus figuras y que entienda: la victoria territorial en la Ciudad de México debe construir una imagen nacional para hacer frente al avance territorial de Morena.