Para nadie es novedad, por ejemplo, la contundencia de las pruebas de que toda la prole y la claque de López Obrador son, por decirlo suave, una pandilla de ladrones.

Una mafia que incluye a hermanos, hijos y primos del presidente; a colaboradores y secretarios de Estado, a los principales propagandistas de López, sin olvidar a empresarios aliados.

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Y el escándalo más reciente son los lujos del hijo mayor, José Ramón, pillado en medio de excesivos gustos neoliberales que en el discurso cuestiona el propio presidente.

Sin embargo, y a pesar de la contundencia de las pruebas de las raterías públicas de la prole y la claque de AMLO, todo ha sido impunidad y cinismo.

Nadie en el gobierno hace nada; a ninguna de las instituciones del Estado parece importarle y todo termina en un intolerable cinismo oficial.

Pero lo más curioso es que nadie tampoco ha podido probar nada de los supuestos actos de corrupción del pasado en obras emblema como el Aeropuerto de Texcoco, al tiempo que la venganza inconstitucional de Obrador es patente en casos como el de Rosario Robles.

¿Recuerdan que López tiró el NAIM dizque por corrupción? ¿Hoy la corrupción de escándalo está en el Aeropuerto de Santa Lucía, en el Tren Maya y en la refinería Dos Bocas.

Y no existe una sol prueba de corrupción en el NAIM o de corrupción en el caso de la señora Robles.

¿Recuerdan que López desapareció una treintena de Fideicomisos, dizque por corrupción? No ha probado nada y, en cambio, el INE probó que AMLO se robó el dinero del Fideicomiso para el terremoto de 2017.

¿Recuerdan que López dijo que llevaría presos a los ex presidentes?

Hoy no existe una sola investigación contra expresidente alguno, al tiempo que son una montaña las denuncias por corruptelas de los hermanos del presidente, contra los hijos del presidente, contra las primas del presidente.

¿Recuerdan que AMLO decidió vivir en Palacio, dizque porque dizque Los Pinos eran un lujo?

El verdadero lujo está en Palacio, en donde vive el presidente, mientras que sus hijos se dan vida de potentados; viajan en aviones privados, viven en mansiones dignas del peor neoliberal.

Pero hay más; nadie ha investigado las transas de Manuel Bartlett y sus 40 casas; nadie investiga las casas de Alejandro Gertz Manero en Estados Unidos, las casas de Olga Sánchez Cordero; los negocios turbios de casi todo el gabinete y de algunos empresarios amigos de AMLO, como Ricardo Salinas Pliego.

Nadie ha investigado el perdón fiscal a amigos del presidente como Epigmenio Ibarra y menos la millonada de pesos entregados todos los días a los propagandistas de AMLO; a medios como La Jornada, que no es más que remedo del diario oficial.

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Pero tampoco nadie ha investigado al mismísimo presidente, quien saqueó el dinero público desde sus tiempos de líder opositor y luego como jefe de gobierno del DF.

Nadie ha investigado a la red de recaudadoras y recaudadores de dinero producto del crimen organizado; red creada por López para la construcción de Morena.

En esa red han participado –según documentamos aquí–, desde Delfina Gómez, pasando por Rocío Nahle, Yeidckol Polenvsky y Félix Salgado Macedonio, entre otros.

En suma, resulta que a pesar de las montañas de pruebas de corrupción, a ninguna institución del Estado mexicano le importa investigar y castigar las raterías de la prole y la claque de AMLO.

¿Por qué?

Porque México es el campeón de la impunidad; una dictadura en manos de una pandilla de ladrones.

Se los dije.