En otro momento –en los gobiernos de Fox, Calderón o Peña–, si un secretario de Estado o un jefe policiaco de alto rango hubiese exhibido su total ignorancia al cargo que ocupa –como la exhibió el jefe de la Guardia Nacional–, la paliza habría sido monumental.

Pero como ya es costumbre en el nuevo gobierno, la regla no es la mediocridad en la gestión de Obrador, sino el silencio de los opositores, los críticos y, sobre todo, los periodistas.

Por eso, nadie se atrevió a cuestionar el penoso papel del General en retiro –que no retirado–, Luis Rodríguez Bucio, quien prácticamente reconoció no saber nada del cargo para el que fue nombrado.

Y esa acción –de aceptar un cargo para el que no se tiene la capacitación necesaria–, es una de las mayores muestras de corrupción. Y de esa corrupción por omisión, ignorancia e incapacidad para los cargos, está lleno el gobierno de López Obrador.

¡Juzgue usted un fragmento de lo que dijo el jefe de la Guardia Nacional!

   “Creo que ahorita, la verdad, con 24 horas en el cargo tengo muchas más dudas que lo que hay. Muchos de ustedes conocen mucho mejor el desarrollo que lleva hasta ahorita lo que es la creación de la Guardia Nacional, y pido su comprensión si es que (para) algunas preguntas definitivamente en este momento yo no tendría respuesta”.

¿Qué significa lo anterior? ¿Cómo entender tal nivel de improvisación por parte del gobierno de Obrador? ¿Por qué nadie fue capaz de un mínimo de cuidado y preparación elementales para el futuro jefe del cuerpo militarizado más importante para el nuevo gobierno?

¿Imaginan cómo están otros proyectos de menor importancia, si el propio gobierno se encarga de exhibir la mediocridad que estará al frente de la Guardia Nacional?

La respuesta todos la conocemos.

Y es que el de López Obrador es un gobierno de caricatura, ocurrencias e improvisados; ocurrencias que –por ejemplo–, tiraron una de las industrias claves para la captación de divisas y la creación de empleos, como el turismo; además de que tiraron el empleo en los primeros cuatro meses de gestión.

Por eso la pregunta. ¿Por qué, después de lo anterior, el gobierno de Obrador debía hacer algo mejor con la Guardia Nacional?   

Pero es aún más cuestionable la complicidad silenciosa no sólo de los opositores sino de los propios apoyadores del gobierno de López Obrador.

Y es que, si hacemos memoria, seguro recordaremos las palizas que recibieron secretarios de Estado designados –por ejemplo–, por Vicente Fox, como la entonces titular de Sedesol, Ana Teresa Aranda, a quien se le cuestionó no tanto por sus dotes profesionales sino por su militancia en el PAN de Puebla.

Pero hay más. ¿Recuerdan la persecución rabiosa que las jaurías “lopistas” le propinaron a Luis Videgaray cuando el entonces presidente Peña lo designó Canciller? ¿Recuerdan que Videgaray dijo no tener experiencia y justo esa expresión le valió una paliza y ser tendencia en redes?

¿Dónde están los que apalearon a la entonces titular de Sedesol y al ecx Canciller?

Lo cierto es que bajo el mismo criterio que motivó los linchamientos anteriores, el hoy jefe de la Guardia Nacional debía ser apaleado como ninguno. Pero estamos en los tiempos de la destrucción democrática, en donde las reglas del nuevo gobernó son la mentira, la frivolidad y, en general, la ineptocracia.

Se los dije.   

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