La noticia no es sólo la detención –en California–, de Naasón Joaquín García, amigo personal de López Obrador y líder de la denominación religiosa conocida como La Luz del Mundo, con sede en México.

No, la noticia es que en medio de la guerra de los ex presidentes López Obrador y Donald Trump –de México y Estados Unidos, respectivamente–, de manera casual el Poder Judicial del vecino del norte ordenó detener al amigo personal del mandatario López Obrador, a quien el Estado mexicano homenajeó en el máximo recinto cultural; el Palacio de Bellas Artes, apenas en día pasados.

En pocas palabras, la noticia es que la disputa entre los mandatarios de los dos países –vecinos y supuestos amigos–, escaló a niveles mayores y, por tanto, podemos concluir que se trata de una pelea fuera de control.

Pero vamos por partes.

Todos saben que el presidente Trump empezará en breve su campaña de reelección como presidente de Estados Unidos, para seguir cuatro años más al frente del gobierno del vecino del norte.

También todos saben que lo que diga y haga Trump –desde prometer un muro hasta prometer acabar con la migración a su país y terminar con las drogas–, es parte de la campaña para ganar votos.

Y todos saben que el de México es un gobierno timorato, debilitado no por la falta de respaldo en México sino por el miedo del presidente mexicano a sacar la cara al mundo; no se diga asomar la cara a Estados Unidos.

De igual manera, en México, todos saben que el presidente Obrador tiene una marcada preferencia por la religión cristina, de la cual, La Luz del Mundo es un desprendimiento.

A su vez, la Luz del Mundo ha sido uno de los fuertes promotores de Morena y de la candidatura de AMLO, al extremo de que el presidente Obrador les pagó –los favores recibidos–, con un homenaje al líder de La Luz del Mundo, Naasón Joaquín García, precisamente en el recinto emblema de la cultura en México, el Palacio de Bellas Artes.

Y todos saben que en México nada se mueve –ni siquiera el viaje más pinche del investigador más pregado–, sin el aval del presidente mexicano.

Bueno, por eso, es bobo creen que la fiesta, homenaje y misa al líder de La Luz del mundo –en Bellas Artes–, se llevó a cabo sin el conocimiento del presidente mexicano, López Obrador.

Lo cierto es que Obrador pagó en especie una deuda de muchos millones de pesos con La Luz Del Mundo y con su pastor, hoy presunto pederasta y violador.

Pero lo simpático del tema es que también todos saben que la Constitución mexicana establece que el los ciudadanos convinieron en la creación de un Estado laico.

Por tanto, el presidente mexicano debe buena parte de su responsabilidad a respetar y hacer respetar el Estado laico.

Es decir, favorecer la convivencia de todos los credos y todas las formas de pensar sin que exista una religión de Estado.

Sin embargo, el presidente mexicano parece no entender lo que significa el Estado laico. ¿Por qué?

Porque todos los días, en plazas y jardines, el presidente mexicano presume que es un analfabeta funcional; presume su amor a la secta de los evangélicos, a quienes ha convertido en algo así como “la religión oficial”.

Y resulta gracioso, por lo menos, que un juez giró orden de aprehensión contra el jefe de la Luz del Mundo, por los presuntos delitos de tráfico de personas y pornografía, todos delitos graves.

¿Frente a qué estamos?

Está claro que vivimos uno de los peores gobiernos mexicanos en todos los tiempos; un gobierno que no entiende su papel y el tamaño de su responsabilidad.

Se los dije.